Imperios liberales: Estados Unidos y Francia

161 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia a toda prueba e insignes luchadores por la libertad y la democracia. Aquí nos parece que dentro del país los grupos críticos de sus intervenciones y acciones en el exterior, lamentablemente, nunca han llegado a ser un número significativo. Tampoco lo han sido a partir de los años sesenta del siglo pasado, cuando ambos partidos hegemónicos tuvieron que poner un mayor empeño discursivo en legitimar su agresiva política exterior imperialista. Luego, no deja de ser paradójico en una república liberal que algunas de sus ideas, símbolos y ritos políticos puedan recordar a la puesta en escena y cultura fascista, con mayor razón cuando ese país se jacta de haber tenido una participación decisiva en la Segunda Guerra Mundial, la guerra que valió la pena pelear para derrotar al fascismo 131 . Tómese en cuenta el fanático nacionalismo de Estados Unidos, su espíritu expansionista, su mitología por la cual se enaltecen a sí mismos y a sus instituciones, su convencimiento de que redimirán al mundo, la omnipresencia de su bandera y su importancia simbólica (¡tiene un día de celebración nacional y se le debe jurar fidelidad!), su militarismo, el destacado rol político que en su historia han tenido los militares, su creencia en su superioridad en todos los aspectos imaginables, su manía por cantar el himno nacional hasta en los más cotidianos o simples actos colectivos, su racismo y supremacismo blanco o su culto al líder representado en la figura del presidente (que también tiene su día nacional). Todo ello amparado en la fe en su dios, que suponen, los creó con características excepcionales, los ama especialmente y les encomienda misiones. Ese es el discurso oficial sostenido a través de toda su historia por el Estado y sus miembros. Sin duda, esa creencia es parte del espíritu de su pueblo y constituye el fundamento más importante de su cultura. El mismo que es repetido y reforzado por la intelectualidad, la prensa, los medios de comunicación masiva, los líderes religiosos, las instituciones de educación formal y hasta 131 Por supuesto que Rusia (y, en su momento, la Unión Soviética) tiene una opinión muy diferen- te sobre quién jugó en realidad un papel decisivo en la derrota del nazismo.

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