Imperios liberales: Estados Unidos y Francia
158 Estados Unidos de América las que fue condenado por la Corte Internacional de Justicia por su papel en la guerra de los «Contra» en Nicaragua a principios de los ochenta del siglo pasado; y, con los diferentes pueblos indígenas de América del Norte, ha firmado a través de su historia más de 400 tratados... ¡violándolos todos! José Martí, reconocido patriota e intelectual cubano, se refirió en 1891 a la insensata asociación «entre un cóndor y unos corderos». Justamente, lo hizo para oponerse a la homogenización monetaria ofrecida por Estados Unidos a las naciones latinoamericanas... con base en su dólar, claro está. Martí sabía que el «influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político». Con mayor razón cuando el desequilibrio de poder entre ellos es mayúsculo. Al autor le era evidente que solo el «estadista ignorante y deslumbrado» se apresuraba en aceptar ese tipo de alianzas, en las cuales, bien lo había dicho Simón Bolívar, «formado una vez el pacto con el fuerte, ya es eterna la obligación del débil». Peor aún, el propio GeorgeWashington había aconsejado a sus compatriotas que los «tratados de comercio» debían ser «temporales, y sujetos a mudarse o a abandonarse según lo dicten la experiencia y las circunstancias». Desde su pesimista visión puritana de una humanidad pecadora sumida inexorablemente en la depravación, le era obvio «que es un absurdo pensar que una nación reciba favores desinteresados de otra». Si bien sus afirmaciones están lejos de ser una ley general, no deja de ser irónico que Estados Unidos sí sea un vivo ejemplo de egoísmo y codicia 129 . A comienzos del presente siglo, han coincidido la voluntad política de varios líderes latinoamericanos y cierta debilidad de la Unión. Se han estrechado lazos en la región y la dignidad ha imperado por encima del servilismo. Varias de sus iniciativas imperiales de la Casa Blanca han sido, como nunca había ocurrido, rechazadas en diálogos bilaterales y foros internacionales. Al mismo tiempo que 129 Para sopesar esta fiebre chilena por firmar TLC, considérese que los propios economistas clási- cos británicos aceptaban que no promovían el libre comercio por el interés del mundo, sino para el exclusivo beneficio de Gran Bretaña.
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