Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
153 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia y no lo siguiera siendo. Ante las acciones encubiertas o públicas de sus diferentes administraciones contra sus vecinos del Sur, desde por lo menos las primeras décadas del siglo XIX, es casi incomprensible tanta falta de conciencia nacional, regional e histórica 122 . No erraba Simón Bolívar cuando, tan solo seis años después del discurso de Monroe, afirmaba que los Estados Unidos «parecen destinados a plagar la América [al Sur del río Grande] de miserias a nombre de la libertad». Tenía plena conciencia geopolítica de la animadversión que desde Washington le tenían a él y a su plan de conformar una «Patria Grande» para reunir en una sola gran nación a las excolonias españolas de América. Miopía, egoísmo y regionalismo hicieron fracasar el «Congreso Anfictiónico» en el que Bolívar pretendía avanzar hacia la unidad continental para así enfrentar, en una mejor posición, los apetitos e intrigas de las potencias europeas y de Estados Unidos. En 1827, en una carta de William Tudor, cónsul de la Unión en Lima, enviada al Departamento de Estado, se deja ver que Washington veía en una «Patria Grande» un peligro para su preponderancia continental, lo cual se escondía tras de la acusación de despotismo y ambición contra «El Libertador»: La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente destruidos es una de las más consoladoras. Esto no solo es motivo de felicitación en lo relativo a América del Sur, liberada de un despotismo militar y de proyectos de insaciable ambición que habrían consumido todos sus recursos, sino que también Estados Unidos se ve aliviado de un enemigo peligroso en el futuro (…) Si hubiera triunfado estoy persuadido de que hubiéramos sufrido su animosidad 123 . 122 En 1962, durante la administración Kennedy, el Departamento de Estado presentó al Senado una lista en la que se exponía que entre 1798 y 1895 se habían realizado 103 intervenciones en asuntos de otros países, muchos de ellos latinoamericanos. El documento citaba tales preceden- tes para justificar el uso de la fuerza contra Cuba; cabe recordar que, durante el interrumpido mandato del progresista Kennedy, se realizaron un total de 163 acciones encubiertas alrededor del mundo. 123 La inquina estadounidense contra Bolívar se recoge asimismo en una carta que Thomas S. Willimont, procónsul inglés en Perú, enviara en 1826 al conde de Dudley, secretario del Estado británico: «La maligna hostilidad de los yanquis hacia el Libertador es tal, que algunos de ellos llevan la animosidad hasta el extremo de lamentar abiertamente que allí donde ha surgido un segundo César no hubiera surgido un segundo Bruto».
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