Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

152 Estados Unidos de América superioridad en todo sentido, incluyendo lo racial . John O’Sullivan, el ya citado periodista autor del concepto «destino manifiesto», en su esperanza de deshacerse de los negros de la Unión para poder transformarse en un país totalmente blanco , en 1845, dejaba de paso muy clara la opinión que tenía de los latinoamericanos: Las poblaciones españolas-indio-americanas de México, de América Central y de Suramérica, proporcionan el único receptáculo para la absorción de esa raza [la negra ] (…) Se trata de poblaciones ya de por sí de sangre mixta e híbrida. Por su parte, a principios del siglo XIX el senador whig Henry Clay exponía sin pudor sus esperanzas imperiales respecto a la parte meridional del continente: «Está en nuestro poder la creación de un sistema del cual seremos el centro y en el que toda la América del Sur actuará con nosotros». Asimismo, el poeta Walt Whitman, en la segunda mitad del siglo XIX, urgía por la expansión hacia el Sur empezando por México, al ser un país que, en su opinión, «debe ser corregido a fondo». Whitman celebraba a su república imperial escribiendo: «Yo canto al nuevo imperio». De hecho, el poeta sostenía la misma premisa de Monroe, en cuanto a que la expansión engendraba «felicidad humana y libertad nacional sin paralelo». Entonces, no pueden parecer extraños los dichos, de 1912, del presidente republicano William Taft: El hemisferio todo nos pertenecerá, como de hecho, ya nos pertenece moralmente, por la virtud de la superioridad de nuestra raza. Pero, a estas alturas de lo expuesto, tal vez no se deba juzgar mal a los gobiernos estadounidenses ni a su pueblo. No es su culpa. Sencillamente cargan, estoicos ─ ya lo decía el presidente whig John Quincy Adams ─ , con el hecho de que son una nación «destinada por Dios y la naturaleza a ser el pueblo de mayor poder y población que se haya jamás reunido bajo un pacto social». Histórica y desgraciadamente, muchos de los líderes políticos latinoamericanos, salvo honrosas excepciones, han actuado como si la política de Washington hacia la región no hubiera sido imperialista

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