Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
141 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia La conquista del «lejano oeste» subyugó a los pueblos indígenas –a través de lo que se llegaría a denominar genocidio y limpieza étnica–, por motivos comerciales y no solo por la urgencia de tierras a raíz del crecimiento demográfico. En 1853 la misma sed de lucro terminó con el aislamiento japonés: el país fue obligado a abrirse a los negocios de Estados Unidos por medio de la amenaza militar de una flota al mando del comodoro Matthew Perry. Casi un siglo después, en 1954, se mantenía la tradición durante el gobierno de Eisenhower: la frutera estadounidense United Fruit consiguió la ayuda de la CIA para deponer al presidente guatemalteco Jacobo Arbenz e instalar en el poder a un dictador amigo de la Casa Blanca y de la United Fruit. Arbenz, democrático y patriota, había tenido la osadía de decretar una reforma agraria perjudicial para el pingüe negocio de la compañía 107 . En dicha tradición estadounidense de una política exterior militarizada de los negocios, son normales las palabras que a principios de este siglo pronunciara Alfred Gray, comandante de la Marina de Estados Unidos, acerca de la necesidad de que el país no tuviera impedimento alguno para «establecer y desarrollar mercados por todo el mundo». Declaraciones de un uniformado que pudieran o debieran haber sido dichas por un político, un empresario o un economista. No obstante, tales palabras aclaran que los miembros de las fuerzas armadas también tienen entre sus objetivos estratégicos abrir mercados por medio de las cruentas acciones propias de su profesión. Cuestión que había expuesto primero a fines del siglo XIX otro marino, el ya citado almirante Alfred Mahan, con un gran impacto en la tradicional política exterior militarizada de los negocios de la Unión. 107 Ayuda que también puede explicarse tomando en cuenta que el secretario de Estado y el di- rector de la CIA de la época, John Foster Dulles y su hermano Allen respectivamente… habían asesorado como abogados a la United Fruit y tenían acciones de la compañía. Luego de setenta años las cosas no han cambiado mucho: en junio de 2024 Chiquita Brand, heredera de United Fruit, fue condenada en Estados Unidos por su responsabilidad en el asesinato de ocho campe- sinos colombianos a manos de paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (UAC): la Comisión de la Verdad de Colombia informó que la compañía financiaba a las UAC y los pagos «eran revisados y aprobados por altos ejecutivos», conociendo Chiquita «la naturaleza violenta» de la organización.
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