Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

118 Estados Unidos de América nacional, el propio presidente tampoco veía con buenos ojos a otras razas , como los asiáticos y los judíos 75 ). La segregación racial se mantuvo en las fuerzas armadas hasta 1948, cuando el presidente demócrata Harry Truman le dio término legal. Lo que, considerando el contexto, por supuesto no implicó el fin del racismo en tanto rasgo cultural asentado en el país desde antes de ser una república. Es más, en julio de 1940 el propio Truman como senador había señalado en un discurso ante la Asociación Nacional Demócrata de Color en Chicago: Quiero dejar claro que no estoy pidiendo la igualdad social de los negros. El propio negro sabe que no es así 76 . Recuérdese que recién en 1964, y por su propia lucha, los negros consiguen oficialmente derechos civiles plenos con la «Ley de Derechos Civiles», promulgada por el presidente demócrata Lyndon Johnson, la cual prohíbe toda forma de discriminación. Pero, se insiste, las normas no tienen un efecto inmediato en la cotidianidad y menos en una cultura con patrones tan arraigados 75 Ya en 1925, en una columna para el Macon Daily Telegraph , había afirmado Roosevelt que «los inmigrantes japoneses no son capaces de asimilarse a la población estadounidense»; y, sobre los judíos, en 1939, le declaró con orgullo a un senador de la Unión: «no hay sangre judía en nues- tras venas». La exigencia del presidente de «sangre del tipo adecuado» para aceptar inmigrantes europeos explica, estando ya al tanto del exterminio nazi , que entorpeciera la posibilidad de que Estados Unidos acogiera judíos como refugiados. Por otro lado, en 1942 a raíz de la Orden Ejecu- tiva 9066 firmada por Roosevelt, se recluyó en campos de concentración a unos 40 mil japoneses y a unos 80 mil ciudadanos estadounidenses descendientes de nipones. El general John DeWitt, quien supervisara el encierro, estimaba que eran una raza enemiga porque, a pesar de ser muchos de ellos ciudadanos de la Unión y haber asimilado la cultura nacional, todavía mantenían rasgos físicos asiáticos. Esta abierta violación de derechos constitucionales se realizó ante el silencio, la conformidad y hasta el apoyo ciudadano. Incluso no se manifestaron grupos militantes contra la discriminación como el Partido Comunista, la Asociación Nacional por el Avance de la Gente de Color (NAACP, por su nombre en inglés) y el Comité Judío Americano (AJC). Las víctimas sobrevivientes tuvieron que esperar a 1988 la firma del presidente republicano Ronald Reagan, de la Ley de Libertades Civiles para recibir una disculpa oficial y una indemnización. Cabe aclarar que, durante la Segunda Guerra Mundial, los descendientes de italianos y alemanes no fueron confinados, pues, como afirmó Earl Warren, fiscal general de California, eran confiables al ser de raza caucásica. 76 En una carta, en 1911, Truman había escrito: «El tío Wills dice que el Señor hizo a un hombre blanco del polvo, a un negro del barro, y luego arrojó lo que quedó, y de él, salió un chino. Él odia a los chinos y a los japoneses. Yo también. Supongo que es un prejuicio racial. Pero soy de la firme opinión de que los negros deberían estar en África, los amarillos en Asia y los blancos en Europa y América [Estados Unidos]...».

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