Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
116 Estados Unidos de América Es más, en los debates previos a la Guerra de Secesión (1861-65), muchos blancos de los Estados norteños veían en el abolicionismo una amenaza dado el conflicto con los Estados sureños esclavistas: hacía peligrar la existencia de la Unión por una raza inferior. Además, la abolición presentaba un problema financiero al tener que indemnizar a los dueños por su propiedad perdida. En otras palabras, en el Norte se aceptaba plenamente el principio jurídico- económico que sustentaba la institución de la esclavitud en el Sur: los negros eran propiedad privada de sus dueños 72 . Así las cosas, no es sorprendente que el propio Congreso declarara, en 1861, que la guerra contra los Estados confederados del Sur «no se hace... por ninguna causa... que tenga que ver con la abolición», sino «para preservar la Unión». ¡Por algo fue llamada Guerra de Secesión! El objetivo manifiesto de la conflagración fue evitar la división del país. El filósofo e historiador John Fiske lo confirmará, en 1880, al afirmar que la conflagración fue para mantener unida a la nación, lo que era una «visión correcta y adecuada»: la «emancipación del negro» fue un «resultado incidental de la lucha» 73 . De ahí que, una vez finalizada la guerra por la tradicional ideología estadounidense en pro de la supremacía blanca , continuó en el Norte la cultura segregacionista y, por ende, racista. En cuanto al Sur se sabe que no solo tenía una tradición racista, sino, incluso, esclavista; con todo, lo que esto último implica en la reproducción de una cultura de intolerancia, discriminación y de desprecio hacia 72 Antes de la Guerra de Secesión, el racismo del Norte implicaba discriminar institucionalmente a los negros , tal como muestra la película 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013): Solomon Northup, un negro nacido libre en el Estado de Nueva York es secuestrado en 1841 y vendido como esclavo en el Sur. En los créditos al final de la cinta se explica que cuando fue liberado, en 1853, intentó que se enjuiciara a sus raptores en su natal Nueva York, pero en ese Estado norteño el testimonio de un negro era inválido frente al de un blanco . Entonces, si bien se puede reconocer la existencia de Estados norteños con una institucionalidad igualitaria como Vermont, una vez más las excepciones no desmienten las continuidades. 73 Lo expuesto en el párrafo no niega los alcances político-propagandísticos y económicos del De- creto de Emancipación de los esclavos de 1862, ni una consecuencia práctica no menor de aquella: unos 200 mil negros se unieron al ejército norteño.
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