Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Pigmentos y una larga tradición de pinturas rupestres – 77 ricos en términos de recursos vegetales silvestres (p.e. Iribarren 1949, Ampuero y Rivera 1964). Todo ello le entrega cualidades afectivas particulares a este espacio que por sus propias características lo diferencian del resto del paisaje local. Por sobre lo anterior, surge la pregunta de qué tipo de comunidades pro- mueve y construye el arte rupestre. Todo pareciera indicar que, no obstante que la práctica y materialidad de las pinturas se utiliza para la construcción de dife- rencias entre grupos, ellas articulan con una idea de colectividad en su interior sin promover mayores diferencias entre los miembros de la comunidad. Por una parte, como vimos, es posible que ni siquiera el acto de marcar construya dife- rencia dada su baja recurrencia en el tiempo. Por otro, su visualidad no integra explícitamente narrativas visuales que hagan referencia a cuerpos humanos y/o personas, lo que sugiere que este arte no actúa como productor y enfatizador de diferencias entre los sujetos. De esta manera, sobre ella siempre se da un proceso de construcción colectivo de comunidad el que es coherente con las tendencias que suelen observarse dentro de las comunidades cazadoras-recolectoras, en cuyo interior si bien existen diferencias entre sujetos, éstas no se asocian necesa- riamente con jerarquías y diferencias de poder. Estas serían o más bien transito- rias o diluidas por los mecanismos que las mismas comunidades despliegan para contrarrestar la producción de status jerarquizados y la conformación y acumu- lación de poder por sujetos particulares del grupo social. Figura 3.8.- Vista General del sitio Valle El Encanto (Limarí)

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