Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
Pigmentos y una larga tradición de pinturas rupestres – 65 como el desenvolvimiento de actividades de recolección con las correspondien- tes prácticas de explotación de tales vetas. Estas labores articularon a través de su cadena operativa espacios con arte rupestre y sin arte rupestre dentro del paisaje regional. Central por tanto en la conformación de esta red de relaciones fueron los pigmentos. La práctica de aplicar pigmentos sobre materias es una actividad recurrente en la región. Por una parte, se reconoce su uso para recubrir enterratorios hu- manos y/o bien para cubrir la superficie donde se depositan los enterratorios (Schiappacasse y Niemeyer 1964, 1965-66, Quevedo 1998). Por otra, este pig- mento también se encuentra sobre restos malacológicos, restos de animales e ins- trumentos líticos (Schiappacasse y Niemeyer 1964, 1965-1966, Quevedo 1998; Armstrong, et al. 2018; Pascual et al. 2019) (Figura 3.3, p. 255). Su ubicuidad y recurrencia dentro de los contextos de la región es mayor tanto a tiempos previos como posteriores. El conjunto de prácticas y espacios que se ven interrelaciona- dos a partir de las demandas que imponen los pigmentos (adquisición) y de sus aplicaciones indican que esta materia se ubica en posiciones espaciales dentro de sus redes históricas, asemejando a lo que Zedeño (2009) define como index objetos, esto es, objetos que condensan en su interior una serie de capacidades afectivas y agentivas dentro de sus contextos socio-históricos. Posiblemente, su aplicación viene dada por las propiedades que esta materia tiene y las capacidades que ella despliega de afectar las propiedades de otros objetos y seres. Los pigmen- tos serían en este contexto actantes centrales en la constitución de la vida social dada su recurrente presencia y su articulación de distintas prácticas, lugares, ma- terias y seres, desplegando todo un campo de relaciones (Armstrong et al. 2018). La misma práctica de pintar rocas sería parte de un conjunto de otras prácticas sociales que se citan entre sí y que refieren a la relevancia social de aplicar pig- mento sobre materias, independientemente de cuál sea su naturaleza. La práctica de pintar rocas, por tanto, se constituye en una práctica extendida a través de toda la región y que posibilita que los grupos cazadores recolectores tejan toda una red de relaciones espaciales, prácticas, experienciales y materiales fundadas sobre las propiedades y aplicación de los pigmentos. En este campo de relaciones, esta última materia se erige como un actante relevante posiblemente con propiedades ontológicas particulares fundadas en sus capacidades afectivas y agentivas (Armstrong et al. 2018). A través de esta estructuración de prácticas, por tanto, nos acercamos a una forma particular de construir un paisaje histórico y una relación con espacios y materias que entrega unidad y principios comunes a los grupos cazadores-recolectores en la zona, constituyendo una unidad histó- rica-espacial. Los pigmentos, su aplicación sobre distintas materias y el campo de
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