Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Pigmentos y una larga tradición de pinturas rupestres – 63 conoce para otras partes del mundo, por cuanto esta asociación espacial muestra que las pinturas no se relacionan ni con la demarcación de rutas de movilidad, ni con experienciaciones aisladas e individuales propias a las interpretaciones cha- mánicas del arte rupestre (p.e. Whitley 2000, Darling 2009). El emplazarse las pinturas rupestres en sitios residenciales implica que su experienciación es una práctica colectiva, por lo que el reconocimiento de las imágenes y las narrativas asociadas a ellas posiblemente están disponibles para la totalidad del grupo social a partir de su observación. De la misma manera, esta lógica espacial muestra que la experiencia con las pinturas no sólo está aso- ciada con los momentos de pausa dentro de los circuitos de movimiento y con una práctica colectiva y compartida por el grupo social, sino que es una también actividad que viene acompañada y asociada al conjunto de otras prácticas que despliega el grupo social en tal espacio. Las excavaciones arqueológicas efectua- das en distintos sitios muestran que en estos lugares se realizan diversidad de tareas como suele ocurrir en un espacio residencial y estas incluyen, entre otras, destazamiento y consumo de animales, preparación y retoque de instrumentos líticos, molienda de granos y un sinfín de otras actividades con escasa huella ar- queológica, pero que suelen estructurarse en torno a los fogones y eventos de quema reconocidos en estos espacios (Binford 1998). Esta lógica colectiva de las pinturas rupestres pensamos que también se despliega en el proceso de adquisición de los pigmentos, la cual no requería de prácticas y sistemas de aprovisionamiento especializado. Como indicamos en el primer capítulo, los estudios físico-químicos efectuados sobre las pinturas han reconocido que las de color rojo fueron manufacturadas en hematita, el mineral más frecuente en el planeta y de alta presencia en la región. El amarillo se basó en ghoetita que es también de fácil adquisición y/o producción desde la hematita. Las pinturas verdes fueron producidas a partir de mineral de cobre, y donde ellas se han reconocido, se observan vetas de cobre aledañas. Finalmente, el negro es elaborado por óxido de manganeso y/o carbón. En el primer caso, las pinturas negras de manganeso están próximas a fuentes de manganeso, mientras que el carbón es posible de ser obtenido de los mismos fogones de los espacios resi- denciales (Moya 2015, Moya et al. 2016). A pesar de que desconocemos los aglu- tinantes usados, en el caso que se ha podido identificar, hemos reconocido una proteína animal posiblemente asociada con colágeno, el que puede ser obtenido desde las mismas partes esqueletarias destazadas y consumidas en los espacios residenciales (Moya et al. 2016). Todo lo anterior sugiere que la adquisición de estas materias primas no fue una práctica segregada, sino por el contrario una actividad inmersa en un con-

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