Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

52 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile Gosden y Malafouris 2015). A su vez, este enfoque histórico es multiescalar, por un lado, reconoce la capacidad generativa de cada una de las prácticas o micro- escala de los procesos, pero también la macro-escala temporal en la que éstas se desenvuelven permitiendo la reproducción de estos campos relacionales por siglos y/o milenios (Robb y Pauketat 2013); cada uno de estos procesos adquiere y remite a una ritmicidad que deviene en una temporalidad propia a los procesos socio-históricos. Por tanto, es a lo largo de esta trayectoria temporal de la mate- rialidad del arte rupestre y de la relacionalidad rítmica de la práctica de producir y experienciar, que podemos reconocer y discutir cómo se van conformando los paisajes históricos, así como construyendo y espacializándose las comunidades a lo largo de la historia. Este devenir histórico centrado en genealogías de prácticas, historias de ma- teriales y conformación de paisajes históricos intenta no sólo rescatar la tem- poralidad de la práctica, experiencia y materialidad del arte rupestre, sino que también pensar y evaluar este devenir temporal desde otras miradas que no se relacionen exclusivamente con un enfoque evolutivo. En efecto, este devenir temporal de paisajes y prácticas pueden ser también entendidos a la luz de su integración dentro de lo que Robb y Pauketat (2013), denominan Ontologías Históricas. Estas corresponden a mundos de larga duración que son productos y productores de formas particulares de vida que tienen un cierto repertorio general de significados posibles, técnicas y formas de acción. Dentro de estas ontologías históricas se despliegan distintas propiedades, cualidades, formas de afección y agencias entre los seres, así como particulares distribuciones de que y quienes son personas, seres animados u objetos. Esto implica que en su interior pueden incluir diferentes modos de existencia. Explorar este concepto desde el arte rupestre permite construir historias más extensas sobre esta práctica / materialidad, explorando cómo sus materiales, at- mósferas, procesos de hacer difieren entre sí no por un problema de evolución o complejidad social, sino porque se insertan y producen ontologías históricas particulares en el que sus propiedades afectivas y agentivas se despliegan sobre ciertas dimensiones, ritmicidades, así como humanos y no humanos. Estas ontologías históricas devienen no sólo en modos de existencia múlti- ples, sino también en paisajes históricos particulares a través de los cuales ellas se producen y reproducen. Si bien una misma ontología histórica puede devenir en distintos paisajes históricos, lo cierto es que ellos sirven como un punto de ingre- so para evaluar estas ontologías históricas y modos de existencia. Es así como si bien estos paisajes históricos pueden tener también una larga temporalidad, po- siblemente ella será menor a la de las ontologías históricas, permitiendo evaluar

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