Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia – 49 terogeneidad de los conjuntos visuales y técnicos allí presentes y que deben dar cuenta de la variabilidad regional o supra regional reconocida en el arte rupestre (Conkey 1980, Guraieb 2001, Mc Donald y Veth 2012); ellos permiten com- prender a partir de su espacialidad, prácticas asociadas y conjuntos visuales las dinámicas de interrelación entre estas comunidades y sus niveles de integración social (p.e. coexistencia de diseños que cubren diferentes comunidades en torno a diseños emblemáticos regionales). iii) E ntendiendo que los conjuntos visuales y sus formas de producción actúan como recursos políticos en la conformación de las comunidades , por lo que es posible eva- luar las características temáticas y tecnológicas, variabilidad intra e inter-diseño, organizaciones espaciales de los sitios y sus tendencias diacrónicas para discutir las características y cambios que adquieren estos procesos de construcción social de las comunidades. A su vez, la reproducción de diseños y la reproducción de formas de marcado en lugares a través del tiempo son estrategias históricas que posibilitan el despliegue de una tradición propia a una comunidad, territoriali- zando al grupo social, pero también dejando las puertas abiertas en todo mo- mento para su desterritorialización. Arte Rupestre, Comunidades e Historia En las páginas precedentes hemos discutido cómo la producción y experiencia- ción de arte rupestre es una práctica socio-espacial que genera un complejo en- samblaje que es contingente con la construcción de las comunidades y a través del cual todo un campo de relaciones se despliega en coherencia con los modos de existencia de una comunidad. Un corolario simple de lo anterior es el hecho que estas prácticas rupestres son siempre históricamente situadas, por lo que en su desarrollo a través del tiempo ellas pueden modificarse y elaborar nuevos campos de relaciones. Es por esta razón, como indicamos, que encontramos los enfoques formales altamente rentables para la investigación en arte rupestre, en tanto ellos pueden mapear estos campos de relaciones y sus transformaciones, labor que es extremadamente compleja de realizar desde perspectivas informales. Esta mirada también recupera el carácter históricamente situado del arte, reconociendo que distintos grupos humanos se relacionan de forma diferente con el arte rupestre, el que, a su vez, puede articular de forma diferencial en las dinámicas socio-políticas de las comunidades humanas (Robb 2017, De Marrais y Robb 2013). Las capacidades afectivas, por tanto, de estas manifestaciones no serán similares a través del tiempo, pero tampoco la forma en que se integra dentro de una ecología de imágenes, permitiendo con este reconocimiento pre-

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