Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

48 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile producción de estas comunidades y el despliegue de sus prácticas de afiliación se promueven o niegan diferencias u homogeneidades en su conformación socio- política y que se relacionan con los niveles de integración social que estas presen- tan y las formas que estos procesos adquieren (Pauketat 2007, 2013, Blanton et al. 1996). El arte rupestre es una materialidad significativa para abordar esta problemá- tica. Como hemos visto en el apartado anterior, la práctica y experienciación del arte rupestre genera todo un entramado práctico, espacial, material y fenoméni- co que podemos considerar como relacionado y generativo de las comunidades humanas. A través de este hacer y observar se despliega toda una dimensión es- pacial, temporal y práctica de las comunidades, a la par que un conjunto de na- rrativas e imaginarios. Es por esta razón que el arte rupestre actúa como un mo- numento, en tanto junto con encontrarse anclado a un lugar particular dentro de un territorio producen una serie de afectividades propias a su comunidad. De hecho, las mismas características de los diseños, su distribución y emplazamiento intra-sitio han sido usados para reconocer la presencia de diseños emblemáticos o promotores en diferentes contextos (Bernardini 2005, Robinson 2010, Sche- insohn 2011). Su misma distribución espacial se relaciona con las escalas de las comunidades, pero también a través de su inserción con los paisajes de tarea y rit- mos de las comunidades, ellas articulan con audiencias, siendo posible reconocer en qué contextos prácticos y sociales se integra su producción y experienciación (Bradley 1997, 2009). Esta relación entre la producción/experienciación con la conformación de comunidades sociales ha sido reconocido por una diversidad de autores, no obstante la heterogeneidad de los conceptos teóricos utilizados (p.e. Gamble 1982, 1998; David & Cole 1990, Gallardo 2009, Gallardo et al. 2012, Mc Donald &Veth 2006, 2012, 2013). El papel del arte rupestre en los pro- cesos de construcción social de las comunidades, por tanto, puede ser evaluado abordando tres dimensiones complementarias: i) Entendiendo la producción misma , por lo que al evaluar la variabilidad y fre- cuencia de diseños, composiciones y técnicas es posible reconocer comunida- des diferenciales en el espacio, la transformación de sus escalas en el tiempo y los niveles de integración de ellas (p.e. presencia de diseños emblemáticos que traspasan diferentes comunidades). A su vez, toda práctica social despliega un campo de relaciones que da cuenta de una tradición particular que se despliega a través del tiempo y que es asociable con la producción y reproducción de una comunidad. ii) Entendiendo que algunos sitios de arte rupestre se constituyen en espacios de in- tegración de diferentes comunidades, los que son reconocibles por la mayor he-

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