Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

46 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile constantemente actualizada y producida a lo largo de la vida social en localiza- ciones geográficas específicas (Mac Sweeney 2009, 2011; Pauketat 2000, 2001, 2007; Robb y Pauketat 2013, Stewart y Strathern 2003, Yaeger y Canuto 2000, Yaeger 2000). Por ello, encontramos que todas las comunidades tienen un enfo- que espacial en sus prácticas, el que se despliega a partir de sus formas de habitar un territorio, por medio de los distintos tipos de relaciones que establecen con los lugares y a través de la conformación de espacios públicos y/o centrales. Estos últimos actúan como nodos que integran a la comunidad a partir de las prácti- cas que allí se despliegan, los atributos de ese espacio o de las características de los conjuntos de cultura material (Mac Sweeney 2011). Este enfoque espacial se complementa con otro de tipo territorial que enfatiza las periferias espaciales de cada comunidad, demarcando sus límites y las diferencias entre locales/foráneos, generando un nosotros y un otros (Mac Sweeney 2011). La articulación entre lugares, prácticas sociales, seres, objetos, experiencias y materia genera escenarios para la construcción de un sentido de colectividad, diferenciando unas comunidades de otras y generando una tradición (Pauketat 2007). A su vez, en este proceso de habitar se desplegarían prácticas de afiliación (Yaeger 2000) o promulgaciones de comunidad (Mac Sweeney 2011) consisten- tes en momentos y prácticas en que se ponen en juego diferentes recursos para remarcar y conformar la idea de homogeneidad y unidad del grupo social. Si bien estos actos han sido pensados como momentos de agregación social que conforman a la comunidad a partir de la reunión del grupo (Yaeger 2000, Mac Sweeney 2011), dan cuenta también de prácticas sociales que permiten la repro- ducción y/o transformación de imaginarios y narrativas entre los miembros de una comunidad no obstante la ausencia de interacción cara a cara (territorializa- ción y desterritorialización sensu De Landa 2006). En este contexto, monumen- tos como por ejemplo el arte rupestre juegan un rol relevante, en tanto generan un conjunto de afectividades, narrativas e imaginarios que se ponen en juego a través de prácticas que integran a la comunidad en espacios particulares de su territorio (Pauketat 2000, 2001, 2007, 2013). Estas interacciones descansan tanto sobre actividades ceremoniales que po- sibilitan la agregación social de los sujetos que conforman una comunidad (Con- nerton 1989), como en prácticas cotidianas rutinizadas fundadas sobre premisas compartidas de la acción social (Pauketat 2001, Yaeger y Canuto 2000; Varien y Potter 2008). En ellas, se despliegan un conjunto de interacciones y relaciones que son social e históricamente generativas entre personas, seres, lugares, mate- rias y objetos. Es así como la continua reiteración rítmica de movimientos a lo largo de un

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=