Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia – 45 Por otra, aunque la co-presencia es importante en la constitución de las co- munidades, ella no es la única estrategia para su conformación. La constitución de una comunidad como un nosotros es, en buena medida, resultado del com- partir un espacio donde se despliegan recurrentemente un conjunto de prácticas sociales que generan niveles de interacción social frecuente entre sus miembros, pero sin implicar necesariamente una co-residencia o una diaria interacción cara a cara, por lo que en muchos casos, esta noción de comunidad hace referencia a grupos supra-hogar, aunque ello es dependiente de los niveles de complejidad social de los grupos humanos ( Johson y Earle 2010, Varien y Potter 2008). Por tanto, el espacio habitado-vivido pasa a ser un actor central en la constitución de estas comunidades (Falabella y Sanhueza 2005-2006, Mac Sweeney 2009, 2011; Pauketat 2007, Snead 2008, Varien y Potter 2008). Esto se debe a que ese espacio forma parte de un paisaje de tarea o un espacio de despliegue de la vida social en el que se constituyen y reproducen una serie de relaciones significativas entre personas, seres, materias y lugares, las cuales son históricamente situadas (Yaeger and Canuto 2000, Joyce and Hendon 2000, De Landa 2006, Varien y Potter 2008, Pauketat 2007, Harris 2014, Watts 2013). En otras palabras, es en y con este espacio que se conforma un ensamblaje históricamente situado propio al modo de existencia de las comunidades. La conformación de estos ensamblajes particulares de personas, lugares, prácticas y no humanos da cuenta de lo que, siguiendo a Latour (2013), podemos llamar un modo de existencia particular. Para este autor, cada modo de existencia se define por la conformación de una red particular de relaciones que tiene su propia trayectoria histórica y en la cual se distribuyen de una forma particular los distintos actantes de esta red, así como sus agencias específicas. Siguiendo esta lógica, las comunidades relacionales se conforman a partir de distintos cam- pos de relaciones en las cuales no sólo se generan paisajes históricos particulares, sino formas particulares de estructurar prácticas, experiencias y una distribución del colectivo social donde materias y seres adquieren posiciones y capacidades particulares. Si bien el concepto de modo de existencia es más amplio que el de comunidades relacionales, en tanto diferentes comunidades pueden compartir aspectos de sus modos de existencia, este concepto posibilita evaluar las trayecto- rias históricas y transformaciones tanto de estas comunidades relacionales como de sus prácticas. Por otro lado, el sentido de colectividad de las comunidades no es sostenible sólo a partir del parentesco, la co-residencia o la interacción social frecuente, sino que es producto de la articulación entre prácticas, materiales, imaginarios, experiencias y lugares dentro y en un paisaje específico, por lo que ella debe ser

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