Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
42 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile estrategias y dinámicas diferenciales asociadas a la generación de los paisajes y, posiblemente, nociones propias a la definición de la historia de las comunidades y la creación-transformación-reproducción de una tradición. Ámbito Tecnológico Corresponde al menos explorado en los estudios de arte rupestre. Las investiga- ciones tecnológicas sobre pinturas se han centrado en reconocer la naturaleza de los pigmentos usados para su manufactura, y en algunos casos, la identifica- ción de sus fuentes de aprovisionamiento (p.e. Ford et al. 1994, Yacobaccio et al. 2008, Sepúlveda 2009, 2011; Gheco et al. 2015, Chalmin y Huntley 2018). En el caso de los petroglifos, el foco ha estado en identificar los tipos de instrumentos usados en la producción de los grabados y las huellas que deja la aplicación de distintas técnicas sobre las rocas (p.e. Sierts 1968; Bard and Busby 1974; Álvarez y Fiore 1995; Bednarik 1998, Whittaker et al. 2000; Álvarez et al. 2001; Méndez 2008; Blanco y Lynch 2011, Valenzuela 2017). Sin embargo, y como múltiples autores indican, la tecnología tiene una realidad social e histórica que la hace relevante para comprender a las comunidades humanas, su devenir y modo de existencia particular (Mauss 1936, Aschero 1988, Fiore 1996, 2007, Lemmonier 1986, Dobres 2000; Schlanger 2005). Como bien dice Latour (2013: 218), “uno nunca encontrará el modo de existencia técnico en el objeto mismo pues siempre hace falta buscar al lado: primero, entre el objeto mismo y el movimiento aún enigmático del que el objeto es solo la estela; luego en el interior de sí mismo, en cada uno de los componentes de los que sólo es un ensamblado momentáneo”. Esto implica que toda técnica conlleva el despliegue de un conjunto de relacio- nes que traspasan al objeto terminado y es por ello, como bien indica Ingold (2013), que la tecnología es una forma de involucramiento en el mundo en la que se generan una serie de interacciones e intracciones entre cuerpos y materias (ver también Jones y Cochrane 2018), pero también lugares. A través de esto, la tecnología crea relaciones, lugares, ambientes y paisajes. A través de ella interac- tuamos con el espacio y sus múltiples componentes, así como ella impone una serie de demandas espaciales para su producción y funcionamiento, siendo un atributo relevante para la conformación de los paisajes de tarea (Ingold 1993, ver también Sörlin y Wormbs 2018). De esta manera, comprender las dinámicas tecnológicas del arte rupestre posibilita entender cómo su manufactura despliega un conjunto de articulacio- nes espaciales y prácticas con otros espacios, contextos y ámbitos que van cons- truyendo el campo de relaciones que esta materialidad y práctica requiere. A una escala más baja, este mismo proceso de involucramiento se despliega
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