Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia – 35 esta razón que concordamos con Lucas (2012: 167-8, traducción nuestra), en que la “materialidad es fundamentalmente un proceso relacional, no una substancia, y lo que realmente importa es la relación entre entidades” . 4 Esta propuesta teórica nos permite volver a recentrar el arte rupestre dentro de la vida social, pero también re-materializarlo. La recurrencia de los enfoques visuales que suelen aislar a esta manifestación del resto de prácticas sociales que despliega una sociedad ha promovido su desmaterialización y un alejamiento de la pregunta sobre cómo el arte interactúa con la gente, qué proyectos y redes se ponen en juego a través de esta práctica/materialidad y cómo ella actúa sobre lo social (Robb 2017, De Marrais y Robb 2013). Esta re-materialización también posibilita volver a pensar el papel de las materias en la vida social e histórica de las comunidades y las múltiples articulaciones que las comunidades han desarro- llada con ellas a través de la historia, así como su papel socio-político en el deve- nir de la humanidad (Fiore 1996, 2020, Conneller 2011, Gheco 2020, Gosden y Malafouris 2015). Una mirada relacional impide aislar el arte rupestre del restante conjunto de prácticas, materias y espacios que desplegaron las comunidades humanas y, por tanto, requiere de enfoques que integren distintos tipos de evidencia en su mirada analítica. No obstante ello, las perspectivas relacionales en arte rupestre no son muy recurrentes y se han basado mayormente en enfoques informales que, en buena medida, priorizan lo visual (Porr y Bell 2012, Robinson 2013, Wa- llis 2013, Brady y Bradley 2014, Brady& Kearney 2016, Brady et al. 2016, Creese 2011, Goldhahn 2019). En nuestro caso, el examinar el arte rupestre como una práctica social nos permite entender cómo ella es una totalidad compleja que adquiere sus particularidades históricas y capacidades afectivas a partir del en- tramado que se genera a través de las relaciones que ella despliega. Cada acto de hacer y experienciar arte rupestre, por tanto, implica una articulación con todo un campo más complejo que incluye sentidos, personas, memorias, lugares y ma- terias, entre otros. A través de cada uno de ellos, estos campos de relaciones se producen, reproducen o incluso son posibles de transformarse a partir de cómo se van constituyendo las distintas relaciones entre los participantes del ensam- blaje. Este último aspecto tiene relación tanto con las capacidades generativas de las prácticas humanas (Bourdieu 1977, Giddens 2011, Pauketat 2001, 2007), como con el carácter dinámico del ensamblaje, el cual está siempre en un cons- tante proceso de llegar a ser (De Landa 2006, Hamilakis 2017, Pauketat 2013). 4 “Materiallity is a fundamentally a relational process, not a substance, and what really matters is the relations between entities” (Lucas 2012:167-8).

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=