Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
Arte rupestre, comunidades e historia – 33 tas articulaciones en las que se entremezclan las distintas afecciones indicadas siguiendo ritmicidades específicas, comenzando por el ritmo de las visitas, reco- rridos y prácticas que se ejecutan en tal lugar. Es por lo anterior, que mientras las propuestas previas reconocen el carácter relacional y generativo del hacer arte rupestre, consideramos que ellas aún siguen centradas mayormente en las relaciones que se establecen entre productore/as y materias a través del acto de hacer. Desde nuestra mirada, la conformación de estas relaciones debe exceder lo material para reconocer que todas ellas se en- cuentran mediadas por prácticas sociales que a través de su despliegue permiten y establecen articulaciones entre personas, seres, materias, lugares e imaginarios. Ampliando las propuestas de Vergara (2019), y siguiendo a Lefebvre (2013), el desarrollo de estas prácticas y construcción de relaciones se estructuran según un conjunto de ritmos que se integran en el proceso de la vida social y, por tanto, no pueden ser segregadas de las formas de habitar el mundo de las comunidades y sus modos de existencia. De esta manera, podemos entender a las cadenas opera- tivas como el despliegue de un conjunto de relaciones rítmicas entre las personas y una serie de otros elementos que generan un entramado con una espacialidad y temporalidad particular. Un acercamiento de este tipo, por tanto, no se basa solo en seguir los ma- teriales ( to follow the materials sensu p.e. Jones y Alberti 2013, Weismantel y Meskell 2014, Hodder 2012), sino en seguir las prácticas y el conjunto de arti- culaciones espaciales, temporales y materiales que devienen finalmente en el arte rupestre, evitando de esta manera segregar lo material de lo práctico, lo visual de lo técnico, el objeto del proceso, reconociendo el carácter morfogenético de estas prácticas y procesos de involucramientos del hacer (Ingold 2011, 2013, ver también desde otra perspectiva Fiore 1996). Un procedimiento de este tipo guar- da ciertas relaciones con el enfoque genealógico de prácticas sociales propuesto por Pauketat y Alt (2005), centrado en seguir y caracterizar las prácticas desple- gadas por las personas y sus múltiples asociaciones materiales y espaciales a partir de la integración de múltiples líneas de evidencias. Esta conceptualización del arte rupestre, por tanto, se acerca a su materiali- dad como un objeto extendido (sensu Robb 2004), el que excede su mera fisicali- dad para integrarse en una red de relaciones a través de las prácticas de hacer, sus propiedades materiales y su experiencialidad. En efecto, la práctica de observar y estar-con-el-arte-rupestre, no puede tampoco ser segregada del conjunto de arti- culaciones en las que los cuerpos humanos se integran al momento de observar y experienciar el arte rupestre. Estas experiencias tienen múltiples dimensiones en las que se despliegan y que abarcan, al menos, las siguientes. Primero, una di-
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