Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

30 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile de las formas de las imágenes y sus contextos espaciales. Esto se debe a que los enfoques informales basados en información etnográfica directa de grupos que producen arte rupestre son propios sólo a algunas regiones del mundo (por ejem- plo, Australia y Sudáfrica) y, por tanto, no dan cuenta de un procedimiento glo- bal. De hecho, para nuestra zona de estudio no se tienen registros etnohistóricos, ni etnográficos que permitan explorar enfoques informales al arte rupestre. Pero a su vez, y no obstante los aportes que han desarrollado tales métodos a la com- prensión del arte rupestre, lo cierto es que éstos no necesariamente se integran de buena manera con el restante registro arqueológico debido a la naturaleza diferencial de los datos utilizados (oralidad v/s materialidad). A la par, también dificultan entender el carácter históricamente situado de estas manifestaciones, especialmente en casos donde nos enfrentamos a tradiciones rupestre de larga profundidad temporal como la que acá estudiamos y que abarca distintas formas socio-económicas de las comunidades humanas: cazadores-recolectores, agricul- tores y agricultores bajo la dominación de un Imperio. El Arte Rupestre como Práctica Socio-Espacial Como bien indican un conjunto de autora/es (p.e. Fiore 1996, 2007; Troncoso 2007; Fahlander 2013, Jones 2017, Jones &Guardamino 2017, Jones &Cochrane 2018), la investigación sobre el arte rupestre ha dado prioridad a la comprensión de sus aspectos visuales desde miradas cognitivas y representacionales fundadas mayormente en paradigmas de corte semiótico y semántico. En esta misma línea, durante las últimas décadas, enfoques de corte más espacial han intentado tras- pasar el visual-centrismo en el estudio del arte rupestre, pero en muchos casos, ellos vuelven a retomar una mirada representacional al explorar las formas en las cual el arte rupestre significa el espacio. La primacía de un enfoque representa- cional y semiótico no es exclusiva al arte rupestre, sino por el contrario, permea a múltiples campos de estudios centrado en expresiones visuales (p.e. Robb 2015, 2017, Mitchell 2005, Jones & Cochrane 2018). No obstante los indudables aportes entregados por estas perspectivas, ellas han puesto su atención en la obra rupestre como un producto finalizado, sin rescatar las múltiples prácticas, materias, agencias y espacios que se ven compro- metidos a través del proceso de hacer arte rupestre (Ingold 2013). Se podrá argu- mentar que los enfoques tecnológicos han buscado esclarecer estas etapas previas en la historia del hacer, sin embargo, ellas se han enfocado principalmente en caracterizar el conjunto de instrumentos y/o materias utilizadas en su proceso de elaboración (p.e. Álvarez y Fiore 1995, 2001; Bard & Busby 1974, Bednarik 1998,

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