Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
Arte rupestre, comunidades e historia – 29 II. ARTE RUPESTRE, COMUNIDADES E HISTORIA Aproximarse a comprender las formas en que la producción y experienciación del arte rupestre se relaciona con la constitución y reproducción de las comuni- dades humanas requiere un conjunto de premisas teóricas que desplieguen una mirada que integre los distintos ámbitos de variabilidad de esa manifestación humana y la entienda como una práctica social generativa. Desarrollar esta mi- rada implica no sólo ahondar en los aspectos visuales que definen a esta práctica y materialidad, sino también en sus aspectos tecnológicos y espaciales desde una mirada relacional que la articule dentro del ensamblaje de prácticas, actores, ma- terias, seres, imaginarios y lugares que desplegaron las comunidades en su cons- titución en el mundo. Por ello, comprender al arte rupestre como una práctica social implica reconocer su necesaria integración con los distintos ámbitos de la vida social, pero también el carácter históricamente situado y contingente de su producción y experienciación. Las ideas anteriores son las bases teóricas de nuestra propuesta, las que ex- ponemos y discutimos a lo largo de este capítulo. Estas nociones las hemos arti- culado en torno a tres ejes centrales. Primero, el entendimiento del arte rupestre como una práctica socio-espacial, para lo cual hemos segregado analíticamente la comprensión de esta materialidad y práctica en tres ámbitos diferentes: es- pacial, visual y tecnológico. Estos ámbitos, sin embargo, actúan en conjunto y se entrelazan para conformar un complejo entramado en las que se integra la producción y experienciación de arte rupestre. Segundo, tras haber discutido su conformación en tanto práctica socio-espacial, abordamos la relación que ella mantiene con la conformación de las comunidades y cómo éstas pasan a ser agre- gados relacionales de humanos, seres, materias y lugares que son producidos y reproducidos a través del arte rupestre. Finalmente, discutimos el carácter histó- rico y contingente del arte rupestre, evaluando cómo esta práctica y materialidad articula diferencialmente con la conformación de las comunidades a lo largo del tiempo. Esta última situación implica la necesidad de integrar y entender lo ru- pestre dentro de su propio contexto socio-histórico y los modos de existencia particulares de las comunidades, evitando su esencialización. Estas propuestas las basamos en un acercamiento formal al arte rupestre (sensu Ta ç on y Chippindale 1998), es decir, un acercamiento que trabaja a partir
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