Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
12 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile rupestre producto del contacto de estas comunidades con los grupos españoles. Por otro, entre los diseños que se encuentran en las pinturas hay algunos que se asemejan a la iconografía presente en grabados. Encontramos antropomorfos y camélidos que remiten a similares convenciones con los petroglifos diaguita. Una cabeza pintada también se acerca a aquellas grabadas en las rocas. Esta si- tuación podría indicar que, o bien estos diseños son inmediatamente anteriores a la aparición de la cultura diaguita, o bien son contemporáneos y corresponden a una adopción por parte de los cazadores de la visualidad de los grupos agríco- las. No obstante, podría existir también una cierta variación intrarregional, en tanto al menos para el caso de Choapa, la datación absoluta de un antropomorfo pintado dio fechas cercanas al inicio de la era cristiana, razón por la que se debe seguir afinando esta cronología (Tabla 1.2) Todo lo anterior permitiría definir una tradición de pinturas rupestres aso- ciadas a grupos cazadores recolectores del Holoceno Tardío que se extiende des- de cerca del 3.000 a.C. hasta la llegada del Imperio Español a la región. Esta tradición tiende a seguir unos principios básicos iconográficos, tecnológicos y espaciales que implica que algunos sitios muestran continuidad en sus prácti- cas inscriptivas por 4.000 años. Usando como punto de referencia estos datos, pareciera ser que la extensión hasta tiempos tardíos de esta tradición se daría preferentemente en los espacios interiores, y específicamente en los interfluvios, espacios escasamente usados por las poblaciones diaguita dado su escaso poten- cial agrícola, pero abundantes en materias primas líticas y reparos rocosos. Estos mismos datos muestran que estos ejemplares tardíos se ubican en todas las cuen- cas estudiadas, indicando su recurrencia a nivel regional. Por lo anterior, sugerimos dos momentos para esta tradición rupestre. Una primera que se extiende hasta cerca del 500 d.C. de clara presencia en toda la región y que se ajusta a los patrones generales descritos previamente. Un segundo momento post 500 d.C. y hasta mediados del siglo XVI d.C., caracterizado por coexistir con petroglifos elaborados por otras poblaciones y donde se recono- cen diseños que se asemejan a la iconografía diaguita, la mencionada escena de monta y posiblemente pinturas de color amarillo que se encuentran en sitios a cielo abierto y que se preservan debido a su escasa antigüedad. De momento, y a la luz de las dataciones radiocarbónicas, es posible sugerir que hay una cierta disminución en la intensidad de pintado para este segundo momento, pero esta idea debe manejarse con cautela hasta no contar con un conjunto más amplio de dataciones.
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