Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

El arte rupestre del centro norte de chile – 5 implica articular dos aspectos distintos, pero complementarios entre sí: primero, organizar conjuntos válidos que se segregan entre ellos y, segundo, ubicar tem- poralmente estos conjuntos. En tal sentido, y sin entrar en una discusión sobre el concepto de estilo que ha sido ampliamente trabajado y problematizado tanto en arqueología como en estudios sobre arte rupestre (p.e. ver trabajos reunidos en Conkey y Hastorf 1990, Lorblanchet y Bahn 1993, Carr y Neitzel 1995), cumplir tales objetivos requiere desplegar una investigación que use e integre diferentes líneas de evidencia con el fin de construir hipótesis crono-culturales robustas, que sean contrastables a través de la variabilidad del registro arqueológico y que, de una u otra manera, tengan un carácter predictivo en el sentido de que permi- tan anticipar las características que deberían tener los sitios rupestres a descubrir en el futuro. Como bien indica Wylie (2002a, 2002b), usar múltiples líneas de eviden- cia permite construir hipótesis que no dependen exclusivamente de un dato que puede fallar, sino que entre los distintos conjuntos de datos se produce un imbricado que soporta de mejor manera la hipótesis e integra los datos en una comprensión más holística del fenómeno estudiado. Construir y evaluar estos conjuntos implica considerar los tres niveles bási- cos de variabilidad del arte rupestre: visual, espacial y técnico. Como veremos en el siguiente capítulo, cada uno de estos niveles construye una red de relaciones y citaciones con una serie de prácticas, ámbitos fenoménicos, espacios y otras materialidades que le otorgan unidad y homogeneidad a cada conjunto. A su vez, en este proceso deberíamos ser capaces de evaluar de manera diferencial los distintos atributos que exploramos, segregando entre aquellos de tipo intrínseco y extrínseco (siguiendo a Berenguer 1998). Los primeros hacen referencia a atri- butos propios de la representación rupestre y su variabilidad. Ellos comprenden aspectos visuales (formas y composiciones), procedimientos técnicos y emplaza- mientos. Entre estas, las relaciones estratigráficas entre los elementos visuales a través de superposiciones y/o yuxtaposiciones permiten establecer lazos tempo- rales entre los diseños, pero estas siempre deben ser matizadas y evaluadas con los otros indicadores, por cuanto estas relaciones temporales pueden referenciar actos productivos que pueden variar de unos pocos minutos a varios siglos. Las relaciones extrínsecas no están directamente asociadas con la naturaleza del registro rupestre y pueden estar respondiendo a otros factores. En este con- junto encontramos las asociaciones espaciales con depósitos estratigráficos que fueron tan importantes en las discusiones previas. Su carácter extrínseco y se- cundario es producto del hecho que en términos estrictos la producción de arte rupestre deja escasas evidencias materiales fuera de los soportes rocosos. Por ello,

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=