Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

4 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile lieves y recursos, generándose una clara dicotomía entre los valles verdes, fértiles y angostos para la agricultura con los interfluvios áridos y extensos. El territorio comprendido por estas cuencas hidrográficas se constituye en una excelente zona para abordar el estudio de la relación entre producción/ experiencia de arte rupestre y la construcción y reproducción social de las co- munidades prehispánicas. Por una parte, esta región es una de las más prolíficas en arte rupestre en todos los Andes del Sur, contándose con un amplio y rico registro de petroglifos y pinturas rupestres, así como una larga historia de inves- tigación sobre la temática (p.e. Ampuero 1966, Ampuero y Rivera 1971, Iribarren 1973, Castillo 1985, Ballereau y Niemeyer 1999; Jackson, Artigas y Cabello 2002, Troncoso 2004, Cabello 2011). Por otra, si bien tradicionalmente se planteó que el arte rupestre de esta región se asociaba exclusivamente a comunidades del Ho- loceno Tardío, en particular a grupos del período Alfarero Temprano (ca. 100 d.C. a 1.000 d.C.), extendiéndose posteriormente también al período Arcaico Tardío (ca. 3.000 a.C. a 100 d.C.) (Ampuero 1966, 1985, 1992; Ampuero y Rivera 1971, en cierta medida Castillo 1985), un conjunto de recientes investigaciones muestra una secuencia histórica de producción mucho más amplia, extendién- dose incluso hasta tiempos coloniales (Troncoso 1999,2004; Jackson, Artigas y Cabello 2002; Troncoso, Armstrong, Vergara, Urzúa y Larach 2008; Martínez y Arenas 2009; Troncoso, Moya, Sepúlveda y Cárcamo 2017; Troncoso, Pascual y Moya 2018; Vergara y Troncoso 2016). A través de 4.000 años de historia, el arte rupestre fue producido por comunidades cazadoras-recolectoras y agrícolas; estas últimas incorporadas al estado inkaico (con capital en Cusco, Perú) en los momentos finales de la historia prehispánica de la región (ca. 1.450 d.C. a 1.540 d.C.). Esta larga secuencia posibilita discutir no sólo como la producción y ex- perienciación se transformó a lo largo de la historia, sino también evaluar cómo el arte rupestre se integra en comunidades con distintos tipos de organización social, política y económica. Las propuestas tradicionales sobre la cronología del arte rupestre en la región se basaban casi exclusivamente en la asociación espacial existente entre algunas rocas marcadas y depósitos estratigráficos asociados a los grupos molle del perío- do Alfarero Temprano. Si bien tal propuesta fue recurrentemente citada, y poste- riormente ampliada para abarcar también a los grupos Arcaico Tardío, diferentes autores elevaron propuestas alternativas y sus dudas sobre estas asociaciones (p.e. Iribarren 1953, Castillo 1985, Troncoso 1999, Cabello 2011). En contraposición, nuestras recientes investigaciones han utilizado un enfoque diferente para abor- dar la discusión entre cronología y arte rupestre. Estas descansan en reconocer que organizar conjuntos rupestres en totalidades ordenadas cronológicamente

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