Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile – 217 la multilinealidad de los procesos y la multitemporalidad y diferencial ritmici- dad de las cosas, prácticas, seres y relaciones. Por otro lado, reconocer la historicidad de los procesos sociales, del habitar, de los lugares y de todas las relaciones que se despliegan en nuestro tiempo no solo nos permite pensar una historia no lineal, con quiebres, cambios y ausen- cias, sino que ella también desestabiliza nuestro propio presente y nos permi- te crear nuevos mundos reconociendo que la constitución moderna que guía nuestras prácticas y experiencias no es más una creación socio-histórica que no es fruto del progreso, ni de la evolución social, sino más bien estos dos últimos conceptos son recursos ideológicos para justificar la primacía de esta constitu- ción moderna. Esta última labor nos parece que hoy es una demanda esencial para la disci- plina arqueológica. Por un lado, la crisis climática nos exige establecer y desple- gar una nueva relacionalidad con aquello que llamamos naturaleza. La pandemia del coronavirus que ocurre al momento de terminar este libro también deman- da un nuevo trato con la naturaleza, pero también entre nosotros las personas humanas. Finalmente, el movimiento social del 18 de octubre de 2019 en Chile combina ambos elementos demandando también este nuevo trato y la necesidad que emerja una nueva dinámica de relaciones. La respuesta a todo este proceso obviamente no pasa por ajustes menores en el contrato social, ni por reciclar más o menos basura, sino que exige imaginar y crear otros mundos que desplieguen a través de sus lógicas prácticas, relacionales y experienciales un nuevo diseño de articulación entre humanos y no humanos, tanto en sus derechos como en sus deberes. La arqueología tiene una posición privilegiada en ese proceso, pues ella nos abre las puertas a mundos que en su despliegue fosilizaron en el registro dise- ños históricos de relaciones diferentes al de nuestro mundo. Esos diseños que emergieron a través del habitar son enseñanzas que nos muestran la capacidad del ser humano y de los no humanos de crear nuevos y diferentes mundos. En ese proceso, el arte rupestre pensamos que tiene un papel aún más privilegiado, en tanto a través de sus atributos, genera una fuerte afección que nos remece más explícitamente con relación a los supuestos que fundan nuestro mundo, pero también hace emerger recurrente y explícitamente estos otros mundos y otras relaciones con los no humanos a partir de su visualidad, su tecnología, su materialidad y su emplazamiento espacial. Como bien indica Grosz (2008), el arte tiene la posibilidad de elaborar sobre lo nuevo, sobre lo diferente, abrir la ventana a nuevos mundos y experiencias a partir de sus capacidades afectivas, las que necesariamente, siempre nos lleva y apela a lo que denominamos naturale-

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