Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile – 213 una dinámica de homogeneidad y heterogeneidad dentro de este territorio. Es- tas apropiaciones devienen en nuevas dinámicas visuales, rituales, espaciales e identitarias. Ejemplo de lo anterior son el paso de las prácticas de fumar (pipas) a inhalar (tubos y tabletas), o el cambio desde cerámicas monocromas incisas principalmente de formas restringidas a vasijas pintadas de colores rojo, negro y blanco con predominio de formas abiertas. El conjunto de transformaciones reconocidas en la cultura material “indicarían un cambio en aspectos comunica- tivos y simbólicos de estas poblaciones, las que en el fondo, se relacionarían con la expansión de saberes no presentes previamente y la generación de prácticas sociales novedosas, deviniendo en una articulación diferente entre sujetos y ob- jetos” (Troncoso y Pavlovic 2013: 122). En relación con tal propuesta inicial, todo este set de transformaciones son parte de un cambio ontológico que ocurre en la región y lleva a estructurar nuevas relaciones con las materias, el espacio y los no humanos, siendo el arte rupestre otro ámbito donde se da este proceso. De- trás de todo ello, nos encontramos finalmente ante colectivos sociales diferentes que se estructuran y articulan todo un proceso socio-histórico por medio de una cosmopolítica diferente que pone en juego a distinto/as actantes, pero también diferentes dinámicas de ejercer lo político. Inicialmente hemos propuesto que esta transformación pudiese heurística- mente pensarse como un desplazamiento desde una ontología animista a otra analógica desde una perspectiva Descoliana (Troncoso 2014). Sin entrar en ma- yor detalle de este fundamento, ella residiría en argumentos como la primacía de ontologías animistas entre los grupos cazadores recolectores sudamericanos y en la semejanza que se observan en algunos elementos materiales con las clásicas co- munidades selváticas animistas (Troncoso 2014). A su vez, la lógica de un mundo de múltiples existentes organizados en mitades opuestas es un rasgo clásico de la cerámica diaguita y también de sus prácticas mortuorias (Troncoso 2014), res- pondiendo a una lógica andina que se entendería como una ontología analógica. Si bien las asignaciones de animistas y ontológicas hoy en día nos pueden parecer algo rígidas y por ende, universalizar las ontologías de la región, lo que nos interesa destacar con este cambio en la transformación entre dos ontologías históricas que devienen en lógicas de prácticas, relaciones con las materias y paisajes históricos que difieren en sus principios fundantes y, por tanto, generan mundos distintos. Por ello, más que remitir este cambio a un simple problema de lo superestructural o ideacional, queremos enfatizar la idea que este desplazamiento define modos de existencia y lógicas de prácticas sociales diferentes, las que obviamente permean el registro arqueológico y su estructuración, así como requieren contextualizar ontológicamente nuestras miradas a los registros materiales del pasado.

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