Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
212 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile dores recolectores genera el problema de cómo se transmite el conocimiento de este proceso de elaboración, pues es muy posible que el grueso de la población nunca hubiese visto a una persona realizar arte rupestre, pero si es posible que experienciaran el manejo y aplicación de pigmentos sobre otros soportes mate- riales dada su mayor recurrencia temporal. Esta situación es opuesta para el caso diaguita, donde esta transmisión podría haber sido más fácil y recurrente dada la ritmicidad de su hacer. En este proceso, nuevamente la temporalidad entra en juego, pues en este proceso se establecen relaciones diferentes con el pasado y la conformación de la memoria social producto de la experienciación / no expe- rienciación del acto de hacer arte rupestre. Es así como mientras en el caso dia- guita es altamente probable que las personas tuvieran un conocimiento fresco, incluso individual, y memoria reciente de los actos de grabado, ya sea por ello/ as mismo/as u otro/as miembros de la comunidad, para los grupos cazadores recolectores es hipotetizable que haya ocurrido lo contrario, siendo el tiempo del acto de marcar un tiempo pasado, alejado de la experiencia de vida de un sujeto y por ende que descansa en la memoria del grupo social. Esta tendencia histórica de largo término que hemos documentado pensa- mos que da cuenta de un proceso de conformación y transformación entre dos ontologías históricas diferentes, entendidas como sistemas de entendimiento y prácticas de largo término sobre el que se estructura la acción social (Robb y Pauketat 2013). Las modificaciones discutidas muestran que en el largo término estos cambios no son sólo visuales, sino en relación con las temporalidades, cuer- pos, paisajes, atmósferas, afectividades de materias y accionar de otros no hu- manos. Estos cambios implican que tras ellos se despliegan mundos y modos de existencia radicalmente diferentes entre sí en los que las lógicas de las prácticas y colectivos sociales se estructuran de forma diferencial. Estas dos grandes onto- logías estarían en relación con los dos grandes paisajes históricos y ritmicidades acá definidas y que remiten a la diferencia entre cazadores-recolectores y grupos agrícolas. Como en los casos anteriores, los petroglifos de surco profundo serían el espacio-tiempo de transición entre una y otra ontología histórica. Esta propuesta articularía con propuestas que hemos elaborado previamente en relación con el cambio social en la región (Troncoso y Pavlovic 2013). Estas sugieren que en el transecto 500 d.C. - 1000 d.C. se comienzan a dar una serie de transformaciones en la región que eclosionan hacia el 1.000 d.C. con la instaura- ción de la vida agrícola y sedentaria. Por sobre este cambio ser un simple proceso de complejización y transformación económica, hemos propuesto que se relacio- na con la apropiación de nuevos saberes y prácticas entre las comunidades de la región, las cuales van apropiando de acuerdo con sus historias locales generando
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