Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
210 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile la perspectiva a mediano término, nos muestra cómo cada tradición manufac- turadora fue expandida en el tiempo a partir de reproducir una lógica del hacer que territorializaba a las comunidades, sus modos de existencia y actuaba sobre la integración y reproducción del grupo social a partir de sus particulares rela- ciones con el espacio, las materias, imaginarios, discursos y el resto de seres que componían el colectivo. Estos actos de hacer estuvieron enmarcados en un cam- po de relaciones históricas particulares que desplegaban también afectividades, atmósferas y memorias que dotaron a esta práctica de sus capacidades de “encan- tamiento”, a la vez que corporizaban y expresaban toda una atmósfera propia a un modo de existencia. Estas prácticas inscriptivas materiales fueron también creando un paisaje que estructuraba y afectaba las prácticas venideras de estos grupos. Desafortunadamente, la información con que contamos no nos hace po- sible aún entender cómo se da el cambio entre los distintos conjuntos. En el largo término, estos dos grandes paisajes históricos remiten a dos for- mas socio-política completamente diferente y que refieren a lógicas de grupos cazadores-recolectores y grupos agrícolas. En la historicidad de estos dos paisajes observamos un desplazamiento entre dos campos de relaciones extremadamente divergentes que reposicionan las articulaciones entre los colectivos sociales, el paisaje, el tiempo, los cuerpos y una serie de otros elementos. La ruptura que hace el mundo diaguita de la lógica espacial del arte rupestre a partir de no reocupar los espacios residenciales y rupestre de los grupos cazadores recolectores es un buen ejemplo de lo anterior. Este proceso de conformación de paisajes a distintas escalas no fue resultado únicamente del campo de relaciones que se tejieron a partir de la producción del arte rupestre, sino también de los ritmos particulares del hacer, ritmos que devienen en temporalidades particulares de los lugares, pero también de las ex- periencias rupestres. Estas distintas ritmicidades se relacionan con la naturaleza de los paisajes descritos en las dos escalas analíticas previas. A mediano término, encontramos que dentro de una ritmicidad baja, se dan diferencias en sus tasas entre distintos sectores de la región mostrando una heterogeneidad que devino en las posibilidades de experienciar el hacer arte rupestre y la historicidad mate- rial del lugar, pero en lo que podríamos llamar el movimiento rupestre a través del tiempo. En este último punto encontramos que los paisajes rupestres de los grupos cazadores recolectores de las cuencas superiores de Elqui-Limarí tuvieron una ritmicidad mucho mayor a la de otros espacios, situación resultante tanto del proceso social macro asociado con una mayor reclamación territorial en tales cuencas, como de las afecciones del hollín a partir de un habitar recurrente en reparos rocosos.
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