Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
208 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile mundo social poblado únicamente por humanos y reconozca el valor y papel social, político e histórico de los otros no humanos. En otras palabras, nos exige una mirada cosmopolítica e histórica al arte rupestre que sobrepase de manera definitiva la gran división entre cultura-naturaleza, fundamento de la constitu- ción moderna que permea todo el pensamiento occidental moderno y buena parte de la práctica arqueológica (Thomas 2004). En este contexto, lo cosmopolítico no refiere a lo simbólico o representacio- nes ideológicas que puedan hacerse de los otros no humanos dentro de determi- nados contextos, sino en cómo a través de sus articulaciones en modos de existen- cia históricos particulares estos actantes estructuran prácticas y definen lógicas de acción social que tienen expresiones materiales, conductuales y sociales claras y explícitas. Dentro de ese ámbito, la arqueología del arte rupestre posiblemente tiene bastante que aportar en tanto ella es, de una u otra manera, una entrada muy próxima para entender a los otros no humanos que han sido miembros de las comunidades prehispánicas. Aún más, una mirada relacional similar es posible de efectuar a los distintos tipos de materialidades que componen el registro arqueo- lógico y evaluar como en su historicidad ellas despliegan campos de relaciones históricamente diferenciales, pero contingentes. Un desplazamiento de este tipo no sólo busca generar una “descripción densa arqueológica”, sino acercarnos a los diagramas que despliegan las materialidades en su devenir histórico y las articula- ciones que emergen a través de las prácticas y experiencias, permitiendo con ello una nueva mirada a lo social que nace desde las bases del habitar el mundo, pero también excede una mirada centrada exclusivamente en la mera relacionalidad de los materiales como es posible reconocer en algunos trabajos enfocados desde esta perspectiva (Hodder 2012, Jones 2020, Conneller 2011). En efecto, como bien in- dica Harris (2020), en relación con las ciudades y que podría pensarse para el caso del arte rupestre, no debemos enfocarnos mayormente en buscar los rasgos que definen al arte rupestre, sino más bien, como este emerge históricamente en cam- pos históricos particulares desplegando ciertas capacidades afectivas y agentivas. En otras palabras, el carácter comunicativo, la transmisión de información, la ge- neración de lugares, la producción de experiencias son todas capacidades poten- ciales que tiene el arte rupestre, pero lo relevante es que ellas pueden desplegarse de múltiples formas y en dinámicas particulares a partir del campo de relaciones en las cuales ellas emergen, pudiendo ellas pueden ocurrir o no, desplegándose y emergiendo en formas particulares y en dinámicas históricas específicas. Como indicamos, similar idea es aplicable a cualquier otro elemento material o espacial en tanto avenida de investigación y nos lleva a la necesidad de explorar, enfatizar y “densificar relacionalmente” las perspectivas históricas de largo término desde
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