Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

204 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile del papel generativo y político de esta práctica / materialidad, pero también de que su ausencia es funcional también para ciertas lógicas de generar comunidad. Este devenir de arte rupestre y organización social indica como los tamaños, articulaciones y segregaciones para crear comunidades fue variando en el tiem- po, pero también cómo a pesar de esto, se mantuvo con una cierta constancia la separación entre cuencas inferiores y cuencas superiores, aspecto que deberá ser estudiado más adelante, pero que ha sido también identificado en otras evi- dencias materiales a lo largo de la región como es la distribución de las piedras tacitas, tembetás, cerámica molle o tumbas en cistas, entre otros (Pérez 2015, Troncoso et al. 2016, González 2018, Pino et al. 2018). Las lógicas de estos conjuntos de arte rupestre dan cuenta de cómo esta práctica /materialidad se articula con la conformación de dinámicas políticas en coherencia con la constitución de liderazgos. Nos parece que hay tres aspec- tos centrales en este ámbito. Primero, la importancia de la presencia de perso- nas y cuerpos en el arte. Como bien se reconoce, esta se hace recurrente con los petroglifos de surco profundo y en relación con comunidades semisedentarias próximas al despliegue de una vida agrícola. Posterior a ello, las imágenes antro- pomorfas se mantienen y comienzan a generar heterogeneidades y diferencias sociales, ya sea a partir de un eje ancestros-comunidades inicialmente, luego lí- deres-comunidad y finalmente entre distintos tipos de sujetos. La conformación de esta historia visual revela una historicidad de los cuerpos y las personas ligada a los procesos socio-políticos de las comunidades y hacen necesario entender la historia de las visualidades y su relación con la “evolución” de las sociedades (Fowles 2018). Esta intensificación de lo humano asociado a momentos particu- lares del tiempo no nos parece que sea una mera casualidad, sino que responde a las relaciones estructurales que se dan entre el arte y la generación de la vida so- cial. Fowles (2017), ha sugerido que antropomorfos y representaciones oculares como las de las cabezas suelen darse más bien en sociedades de tipo neolíticas, en tanto ellas se asocian a una lógica teatral del arte y donde la imagen compromete y genera una relación particular con el observador. Más allá de los reparos que se pueda dar a esta asociación, nos parece interesante la idea de fondo del autor, cual es pensar en la razón por la cual ciertos elementos como cuerpos, cabezas y personas se relacionan con las capacidades afectivas y discursos promovidos del arte rupestre. La importancia del cuerpo como recurso y herramienta política nos parece que abre una puerta importante para pensar la historicidad de estas imágenes, especialmente en comunidades donde su articulación se funda en no- ciones como ancestralidad, liderazgos institucionalizados, así como la confor- mación de jerarquías y producción de diferencias sociales con fines políticos y

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