Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile – 201 petroglifos de surco superficial). Aunque este cambio es regional, lo cierto es que no está presente en todo el territorio en tanto los petroglifos de surco profundo sólo se conocen para las cuencas inferiores estudiadas. Esta situación reafirma la idea básica que para la zona existen una serie de procesos compartidos, pero tam- bién una serie de particularidades que se dan a partir de las lógicas y dinámicas históricas de las distintas comunidades ahí presentes (Troncoso y Pavlovic 2013). Arte Rupestre, Historia y las Dinámicas Socio-Políticas de las Comunidades Prehispánicas Es reconocido por diferentes autores que la producción, visualidad y lógica del arte tiende a ser coherente y articular con las dinámicas sociales y políticas de las comunidades (p.e. Mitchell 2005, De Marrias y Robb 2013, Robb 2017, Morgan 2018), pero lo cierto es que ellas no son un mero reflejo de éstas, sino que más bien sus distintos atributos son generativos de estas dinámicas. Esta idea queda clara al ver cómo la práctica de producir arte rupestre tejió a su alrededor y se articuló con una serie de eventos, prácticas y procesos que conformaron y repro- dujeron tiempos particulares. Es por ello, que nos parece que estos ensamblajes que produce el arte rupestre son puerta de entrada para comprender parte de las dinámicas socio-históricas de las comunidades humanas. No obstante lo anterior, poco se ha discutido la relación entre la producción de arte rupestre y la organización social, política y económica de los grupos hu- manos. Para Jones (2017, Jones y Cochrane 2018), esto se debe al fuerte énfasis re- presentacional en el estudio de esta materialidad, donde más bien ha primado una lógica de asociar diseños o formas de práctica con complejidad social. Es así como ha sido recurrente conectar el arte rupestre con chamanismo en grupos cazadores- recolectores, o sugerir una primacía de representaciones “más naturalistas” entre estas sociedades que en las de tipo agrícola. Desde miradas menos universalistas, una serie de estudios en el Cono Sur han mostrado la relación entre visualidad y organización socio-política (p.e. Aschero 2000, Nielsen 2007, Berenguer 2009, Gallardo y Cabello 2015), insertándose nuestros resultados en tal línea de investi- gación, pero evaluando también la articulación entre lo socio-político, el espacio y las audiencias. Dentro de las pocas excepciones que se dan en este marco están los trabajos de Fiore (1986, 2006, 2018), relativos a la relación entre complejidad social e inversión laboral en la manufactura de arte rupestre, y que han puesto más énfasis en la lógica de la práctica social que subyace a este registro. En esa línea, uno de los grandes cambios que se dan en la secuencia es el desplazamiento de la práctica y experiencia del arte rupestre desde espacios re-

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