Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

200 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile en estos lugares no existe una audiencia importante y no está presente todo el grupo social como sí ocurre con el caso de las pinturas rupestres. Estas distintas atmósferas, por tanto, devienen en experiencias rupestres que son totalmente divergentes en estos contextos y que, por una parte, muestran cómo esta mate- rialidad actúa diferencialmente sobre los cuerpos, prácticas y experiencias de los sujetos a través del tiempo, pero por otro, se relacionan con las dinámicas socia- les, espaciales y políticas de las comunidades prehispánicas así como el papel y las capacidades agentivas que tiene el arte rupestre en estos contextos históricos, aspecto que discutiremos posteriormente. La conformación de estas distintas experiencias, atmósferas, relacionalida- des y propiedades de las materialidades hacen muy difícil pensar que enfoques fenomenológicos centrado en comprender las experiencias del pasado se puedan fundar en la lógica de nuestras corporalidades, sentidos e imaginarios ( sensu Ti- lley 1997). Sin embargo, ella no niega la posibilidad de explorar la lógica material de esas experiencias y acercarnos a comprender las corporalidades y aspectos de tales experiencialidades a partir de las atmósferas ahí construidas y su relación con las dinámicas de vida socio-espacial de las comunidades prehispánicas. Al observar la naturaleza y materialidad de la práctica de hacer arte rupestre desde una perspectiva de largo término, nos parece que es posible plantear un modelo extenso caracterizado por dos formas completamente divergentes de es- tructurar esta práctica y materialidad. Estas formas remitirían, por un lado, a las pinturas de cazadores-recolectores y, por otro, a los petroglifos diaguita de época previa y contemporánea al Inka. Los petroglifos de surco profundo asociados a las comunidades entre 500 y 1.000 d.C. parecen constituirse como un conjunto intermedio que da cuenta de la transformación entre uno y otro tipo de arte ru- pestre. Es así como estos petroglifos mantienen con las pinturas la relación con el agua, una baja intensidad de manufactura y su producción/experienciación en relación con espacios residenciales. A su vez, comparten éstos con el arte ru- pestre diaguita la técnica extractiva (petroglifo) con ausencia de lo aditivo y la importancia de las cabezas dentro de sus repertorios e imaginarios. De ser esta mirada correcta, nos encontraríamos con un largo proceso histó- rico de producción de arte rupestre en el que se da un desplazamiento gradual de sus técnicas, visualidades y espacialidad, pero bajo el cual ocurren una transfor- mación entre dos grandes campos de relaciones históricamente constituidos. Los distintos conjuntos de arte rupestre, por tanto, no serían quiebres dentro de una secuencia histórica-práctica de largo término, sinomás bien darían cuenta de este proceso con la existencia de un conjunto intermedio que muestra la transforma- ción entre las dos grandes maneras de hacer arte rupestre en la región (pinturas y

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=