Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile – 199 Estas diferencias con respecto al acto de hacer articulan con las capacida- des afectivas que adquieren las materias en distintos contextos históricos. Nos parece relevante el desplazamiento que toman los pigmentos en este proceso histórico. Mientras en los contextos de cazadores recolectores son una materia con una importante capacidad afectiva que despliega su accionar sobre distintos seres, cuerpos, lugares y materias, esta capacidad pareciera perderse en momen- tos posteriores, quedando relegada su presencia en tiempos Diaguita a su aplica- ción sobre alfarería, pero sin que conozcamos cuáles son sus propiedades socio- históricas. Si bien sabemos que la afectividad de los materiales está basada en la intra-acción que se genera entre ellas y cuerpos (Ingold 2013, Jones y Cochrane 2018, Jones 2020), nuestro caso de estudio muestra la relevancia de entender es- tas articulaciones desde perspectivas históricamente situadas que se interroguen sobre cómo las materias ensamblan en sus contextos temporales, especialmente cuando desplegamos enfoques de largo término. La exploración de estas afectividades materiales está asociada con las caracte- rísticas que tienen sus cadenas operativas, en tanto cada acto de producir está en una íntima relación con la intra-acción de las materias y cuerpos, pero también con sus capacidades afectivas históricamente situadas. Es por ello que una mirada relacional a las cadenas operativas se constituye en una buena herramienta para pensar la naturaleza del arte rupestre y otras materialidades. Pero a la par, ella es también un buen punto de entrada para el segundo aspecto que destacamos en esta mirada de largo término: cómo el hacer arte rupestre ensambla y genera diferentes atmósferas, experiencias y audiencias, dimensión que, nuevamente, se relaciona con el papel de esta materialidad en la vida social, pero también con sus capacidades históricamente posicionadas. En nuestro caso hemos podido ver cómo estas atmósferas cambian a lo largo del tiempo, donde dos son los ejes centrales. Por una parte, el desplazamiento desde la experiencia del arte rupestre basada en la pausa y en los espacios resi- denciales a otra fundada en la movilidad y fuera de los espacios cotidianos. Estos desplazamientos van asociados con atmósferas que están constituidas diferen- cialmente en términos materiales y prácticos. Ejemplificando con los extremos, mientras en el caso de las pinturas son parte de estas atmósferas las piedras ta- citas, el agua y el despliegue de un conjunto de prácticas cotidianas asociadas con la vida en campamentos por parte de grupos cazadores-recolectores; en los petroglifos diaguita no participa el agua, la cerámica, ni las terrazas agrícolas, sino que el conjunto de elementos materiales que están emplazados en los cerros junto a la serie de otros no humanos con quienes se está interactuando y median- do en tales espacios. A su vez, y a pesar de ser espacios públicos, posiblemente

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