Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
198 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile neras particulares de interacción con las personas, desplazamiento que busca evitar la dematerialización de estas manifestaciones y su reducción a un produc- to y proceso cognitivo. Nuestros resultados muestran cómo todo aquel registro material que etiquetamos actualmente como arte rupestre no sólo es resultado de distintas prácticas sociales, sino que a través del acto de hacer se despliegan cadenas operativas que tejen campos de relaciones diferentes que devienen en atmósferas, experiencias e interacción divergentes. Estas diferencias no remiten exclusivamente a lo que se representa y cómo se hace, ni tampoco a la función social del arte rupestre, sino que refiere a cómo se inserta esta práctica dentro de un entramado socio-histórico y la manera en que articula y se cita con otras prác- ticas/materialidades. Etiquetar todas estas manifestaciones como arte rupestre es de utilidad para nuestro análisis y operativa arqueológica, pero ella invisibiliza todo un ensamblaje que se encuentra en cierta medida oscurecido cuando nos enfocamos sólo en las imágenes. Dos de los cambios más interesantes dentro de estas modificaciones histó- ricas hacen referencia, por un lado, a la naturaleza del acto de hacer en relación con el soporte material y, por otro, a las atmósferas, experiencias y audiencias asociadas. Con respecto al primero, nuestra secuencia muestra una transforma- ción desde una práctica aditiva (pintar) a otra extractiva (sacar corteza). Esta última se subdivide en una lógica extractiva intensiva (intervenir pocas rocas re- tomando los surcos) y otra de corte más extensivo (intervenir múltiples rocas sin retomar los surcos). Bajo estas tres operaciones distintas se encuentran cadenas operativas diferentes y relaciones particulares con las materias, en específico con las rocas. En las pinturas, las rocas son más bien elementos pasivos sobre las que se dispone una sustancia primordial como es el pigmento, sustancia que también se aplica sobre múltiples soportes materiales. En los petroglifos de lógica intensi- va la roca pasa a ser una materia activa que es recurrentemente revisitada en pos de sacar algo desde su corteza, al igual como ocurre con las piedras tacitas y los incisos en la alfarería. En oposición, en el caso diaguita la roca parece tener cuali- dades distintas en tanto su valor estaría más centrado en las relaciones espaciales a partir de la noción de mediación, siendo la roca marcada un intermediador y estabilizador para la producción de un centro. En esa dinámica, ella puede o no ser intervenida múltiples veces, pero los surcos nunca son retomados, sostenien- do esta idea de que es su espacialidad la que prima sobre la materialidad. La au- sencia de citacionalidad en el acto de hacer entre el arte rupestre diaguita y otros soportes materiales podría ser resultado de esta menor relevancia de la materia por sobre el espacio, marcando una diferencia radical en cómo se estructuran las relaciones entre materiales en comparación a los tiempos previos.
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