Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
192 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile Salazar et al. 2016; Pavlovic et al. 2019). Desafortunadamente, la disturbación estratigráfica que presentan los asentamientos y la baja cantidad de dataciones absolutas no han permitido discutir este tema, ni historizar el proceso de incor- poración de nuestra región al Tawantinsuyu. En términos teóricos, deberíamos esperar que los primeros diseños inkaicos se incorporasen en una etapa algo avanzada del proceso de anexión de este terri- torio al Estado. Sin embargo, esta hipótesis no debe manejarse sin matices, pues ella se debe calibrar a la luz de las dinámicas de interacción que se establecieron entre las comunidades locales y lo/s agentes estatales. Para el centro norte de Chile esto último nos parece bastante claro. La baja frecuencia de diseños inkai- cos no sería el resultado de la poca extensión temporal del período Tardío, ni de una escasa intromisión del estado en las comunidades locales, sino el resultado de una forma particular de interacción de ambas entidades socio-políticas. Esto queda refrendado en que un proceso similar se reconoce en la alfarería mostran- do el despliegue de una misma estrategia práctico-material de relación entre am- bos grupos. La reconocida alianza política entre diaguitas e inkas que se expresa en una ausencia de fortalezas en el territorio y en la expansión de esta cerámica para diferentes regiones fuera del centro norte de Chile, demuestra que la situa- ción descrita en el arte rupestre no es producto de una anexión inconclusa de este territorio, o de un problema cronológico, sino más bien el resultado de una negociación política. La incorporación de este territorio al Estado inkaico implicó un conjunto de continuidades y transformaciones en las dinámicas prácticas, espaciales, sociales y políticas de las comunidades diaguita. Producto de ello, los campos de relacio- nes desplegados produjeron un paisaje histórico anclado en lo tradicional, pero que incorpora nuevas articulaciones producto del accionar estatal, accionar que devino en un paisaje jerarquizado en coherencia con el proceso socio-político. Sin embargo, este paisaje histórico y sus relaciones no implicó un quiebre radical como el que generó el paisaje histórico diaguita en comparación con el de tiem- pos previos. Dentro de este proceso, el arte rupestre también articuló con la conforma- ción de nuevas subjetividades e identidades, inkaizando por una parte a lo/as líderes locales, pero también incorporando corporalidades propias del Noroeste argentino. En ese contexto, los sitios de arte rupestre y la práctica de marcar ro- cas se constituyeron en espacios y actividades centrales dentro de este proceso histórico, en tanto a través de ellas las mismas comunidades locales fueron in-
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