Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
184 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile el patrón cadena D2 de origen cuzqueño. Ambos patrones muestran lo local y lo inkaico como dos entidades separadas, pero que se encuentran unidas por un felino con decoración ajedrezada asociada con la idea de la dualidad y alternan- cia. Si le otorgamos a lo/as líderes locales esta capacidad política de mediación entre comunidades y también entre distintos seres, podemos pensar que esta pie- za resume el proceso político ocurrido en la zona, en la cual son esto/as líderes quienes generan la articulación entre el estado y la comunidad local. El hecho que ambas piezas correspondan a keros no nos parece fortuito, pues los keros son una pieza de alto valor político en el mundo inkaico y que están directamente asociadas con el comensalismo político y la negociación entre el Tawantinsuyu y las autoridades locales (p.e. Dillehay 2002, Bray 2003, Cummins 2015). No obstante esta recurrencia de la idea de la integración y mediación entre ambas entidades políticas, ellas también incluyen un importante discurso político que posiciona al Estado por sobre las comunidades locales, en tanto esa articulación se ejecuta sobre formas y prácticas propias al Tawantinsuyu. Este proceso de potenciamiento y jerarquización de las autoridades locales fue de la mano con la fragmentación del grupo corporado a través de la produc- ción y reproducción de múltiples subjetividades en el arte rupestre. Esta situa- ción ha sido reconocida también en las prácticas funerarias donde se observan diferencias importantes en los ajuares y ofrendas de las tumbas (Cornely 1956, Cantarutti 2004, Ampuero 2010). Es posible que este proceso fuera también apoyado y legitimado por lo/as líderes locales en tanto fueron discursos e imagi- narios que se incorporaron y reprodujeron dentro de los espacios de reproduc- ción local y que también eran atingentes para su reposicionamiento. Todos estos antecedentes dan cuenta de cómo la estrategia política inkaica se implantó y ejecutó en directa relación con las prácticas y espacios tradiciona- les de las comunidades locales. Mientras suele comprenderse esta lógica inkaica como una imposición de un nuevo orden espacial y político, reiteramos que nos parece que ese orden no presenta mayor efectividad si no es articulado e integra- do de una u otra forma con las dinámicas de las comunidades locales. Castillo (1998), ha sugerido que este proceso habría sido potenciado gracias a la ambición expansionista de lo/as líderes locales. Su propuesta articula de bue- na manera con un modelo centrado en líderes como aggrandizers , es decir suje- tos que a través de prácticas como los festines y manejo estratégico de las relacio- nes sociales buscan desarrollar sus proyectos políticos centrados en aumentar su poder y prestigio. Sin negar esta posibilidad, pensamos que otras posibilidades son también posibles de explorar. En particular, no podemos descartar el hecho que el potenciamiento de lo/as líderes locales no fuera una situación buscada,
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