Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
180 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile cursos e imaginarios sobre los cuales se constituyen estos sujetos en la comunidad local. No obstante este cambio en la visualidad de las cabezas, ellas continúan emplazándose en espacios centrados y de mediación entre mitades, sugiriendo que a pesar la existencia de un nuevo contexto, continúan teniendo una posi- ción especial dentro de los sitios. Esto implica que aquellas personas que hemos entendido como líderes mantienen su posición central dentro de la cartografía social del momento, definiéndose por su capacidad de mediación, pero esta vez, asociándose con lo inkaico dada la inclusión de nuevos elementos visuales. Tras todo este panorama entregado, surge una pregunta básica. ¿Cómo y quiénes operacionalizaron estas transformaciones y la ocupación inkaica en la región? Existe un cierto consenso que este sector del centro norte de Chile fue anexado al Tawantinsuyu desde el Noroeste Argentino, por lo que tales comu- nidades fueron actores centrales dentro del proceso socio-político (p.e. Stehberg 1995, Cantarutti 2004, Troncoso y Pavlovic 2013). Este aspecto se ve refrendado en el arte rupestre en tanto una de las identidades particulares ahí expresadas se asocia con los Escutiformes Santamarianos y el Noroeste Argentino, relación que se encuentra también en algunas tumbas donde se incorporan vasijas con forma y decoración propia a tal zona (Cantarutti 2004, Cantarutti y Mera 2004). Sin embargo, pensamos que esta propuesta no explica a cabalidad el proceso acaeci- do, especialmente debido a que las evidencias no sugieren un importante con- tingente de población foránea, a la par que ello no da cuenta de cómo se logró modificar la tradición local de reproducción social en los sitios de arte rupestre. Alconini y Malpass (2010), entre otros, han reconocido el rol central que tuvieron lo/as líderes locales en los procesos de anexión de nuevos territorios al Tawantinsuyu, especialmente en zonas lejanas al heartland inkaico. No obstan- te esta constatación es más bien un supuesto teórico reconocido para múltiples lugares, pero escasamente ejemplificado con casos concretos. Este supuesto pen- samos que es reconocible en nuestra zona de estudio y, por tanto, que una parte importante de la ocupación y dominación inkaica fue posible gracias al accionar de lo/as líderes de las comunidades Diaguita (ver también Castillo 1998), pero también a la capacidad del estado inkaico de actuar en conjunción con éstos. En efecto, no obstante la invisibilización del arte rupestre en la conforma- ción del paisaje y experiencias inkaicas, los espacios ancestrales continuaron siendo ocupados, así como también los cementerios. Este procedimiento permi- tía que las comunidades locales mantuvieran sus dinámicas de agregación social y, a través de ellas, lo/as líderes continuaran actuando como sujetos articuladores de una comunidad relacional extendida. En otras palabras, a partir de reproducir la práctica de marcar espacios ancestrales siguiendo el mismo patrón espacial y
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