Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

174 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile Al accionar de estos seres no humanos en las prácticas comensales, se suma el accionar de keros y aríbalos que fueron objetos-seres animados para el Tawan- tinsuyu (Bray 2008), y donde “cada objeto se crea y existe con todos los demás, participando fenomenológicamente en los eventos del mundo ” 14 (Cummins 2015: 183, traducción nuestra). Finalmente, es factible pensar que un importante conjunto de celebraciones en ambos sitios se realizó con relación a fechas particulares del calendario metro- politano (Ziolkowsky & Sadowski 1989). Esta situación que posibilitó articular con una serie de otros no humanos, también permitió integrar al territorio y las comunidades diaguita dentro de una comunidad de mayor escala como lo es la totalidad del estado inkaico. De esta forma, la presencia y participación conjunta de seres celestiales, ar- quitectura y vasijas construye y genera una comunidad relacional a larga escala que traspasa la región diaguita para integrarla a todo el territorio inkaico, a la par que la hace presente en cada uno de los espacios comensales. Todo este desplie- gue se realiza en un espacio segregado de lo local en el que los locales son inte- grados dentro de un colectivo social más amplio que el diaguita. Esa integración va acompañada también con la conformación de prácticas, performances y una atmósfera en el que la experiencias de los líderes difiere notablemente de la que se desarrolla en los espacios de reproducción local y donde el arte rupestre y las relaciones establecidas entre los miembros de la comunidad diaguita a partir del acto de marcar rocas está ausente. A través de este proceso, por tanto, el Tawantisuyu excluye de sus espacios ceremoniales y logísticos la principal práctica y materialidad que utilizaron las comunidades locales dentro de sus procesos de reproducción social. Ella es invi- sibilizada dentro del paisaje construido y operacionado por el Inka y, por ende, relegada a un segundo plano. Con esto el Inka promueve un paisaje centrado en sus propios referentes y prácticas ceremoniales festivas. No obstante ello, posibi- lita la reproducción de prácticas sociales espacialmente localizadas que son pro- pias a las comunidades locales lo que es coherente con la misma política inkaica. Como es sabido, por sobre destruir los espacios locales de ceremonialidad y las wakas locales, el Tawantinsuyu acepta que se mantengan las tradiciones y cultos locales, pero éstos deben estar supeditados a la ritualidad inkaica. Templos como el Qoriqancha en Cusco reúnen a un conjunto de wakas y deidades locales, las que se ubicaron rodeando la figura del Sol, representando la sumisión de las di- 14 “Each object is brought into being and exists with all others, participating phenomenologically in the events of the world” (Cummins 2015: 183).

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