Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

170 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile personas con cuerpos cuadrangulares, ajedrezados o escenas de pastoralismo (Cornely 1956, González 2013). Aunque la atmósfera del arte rupestre sigue en- contrándose aislada de otros tipos de prácticas y espacios, desplegándose en re- lación con la movilidad, algunos de sus contenidos visuales son aprehendidos y experienciados en relación con otras actividades y contextos fenomenológicos. Las cabezas también se ven afectas a estas modificaciones. Si bien ellas con- tinúan con el mismo patrón espacial y demandando una gran habilidad para su manufactura, incorporan elementos de diseños propios al Tawantinsuyu como la greca inkaica, o bien patrones de simetría como la doble reflexión especular. Esta situación reafirma lo anterior, agregando que parte de esta conformación de comunidad ha cambiado producto de la incorporación y transformación de diseños, dando cuenta del juego de continuidades y transformaciones en la con- formación de estas comunidades (Figura 6.4). Sin embargo, la instauración de todo un conjunto de infraestructura inkaica dentro del paisaje establece una relación particular con el arte rupestre y estos espacios públicos locales, el que se fundó en la exclusión entre ambos tipos de lugares y prácticas. Ninguna instalación arquitectónica comparte espacio con el arte rupestre. El trazado del camino incaico, o qhapaq ñam , tampoco se aso- cia con petroglifos. Esta segregación respondería a una estrategia intencional del Tawantinsuyu orientada a promover ordenaciones y experiencias espaciales particulares que se separan de los espacios vernaculares locales y sus lugares de reproducción social, no obstante la necesaria articulación del estado con las po- blaciones locales. El registro material recuperado de las excavaciones de los centros adminis- trativos-ceremoniales de Huana y Loma Los Brujos muestra que en tales lugares se realizaron un conjunto de prácticas asociadas al comensalismo político pro- piciado por el Tawantinsuyu (Figura 6.5). Sus conjuntos alfareros muestran el clásico repertorio culinario cerámico inkaico (Bray 2003, 2008), compuesto en este caso por aríbalos, platos planos y keros. Estas piezas estuvieron acompaña- das por pucos y escudillas de formas locales, pero con decoraciones que combi- nan elementos diaguita e inkaicos. También se reconocieron grandes eventos de quema y abundantes restos zooarqueológicos, correspondientes principalmente a camélidos (Becker et al. 2004, Niemeyer 1969). En términos generales, la vajilla inkaica es la que se asocia con el consumo de líquidos (aríbalos y keros), situación que se relaciona con los aspectos políticos de las prácticas comensales cuyo objetivo era la producción de diferencias socia- les a partir del acto de beber (Dillehay 2002). La presencia de cerámica Diaguita da cuenta de la incorporación de lo local en estas prácticas y es coherente con que

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