Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Rocas, lugares e imágenes bajo el estado inkaico – 165 de Limarí y Loma Los Brujos en la cuenca de Choapa), muestran una fuerte re- lación con espacios altamente productivos en términos agrícolas, pero también su ubicación en espolones de cerros que los hacen fácilmente reconocibles en el territorio, así como una importante cobertura visual de su espacio aledaño (Niemeyer 1969, Becker et al. 2003). En oposición, los tambos y camino inka no siempre articulan con una buena visibilidad del entorno, pero sí denotan un interés por ubicarse en laderas de cerro, alejándose de las terrazas fluviales que son intensamente ocupados por los grupos diaguita (Stehberg 1995). De esta manera, vemos cómo los patrones de asentamiento y formas de uso del espacio de estos dos tipos de contextos difieren entre sí, conformando dos dinámicas de relacionalidad particular que se intersectan para conformar el pai- saje propio al período Tardío en la región. Es en este contexto espacial que se inserta la producción de arte rupestre y que, en primera instancia, parece man- tener y replicar las redes de relaciones que le eran propias a momentos previos. La manufactura de petroglifos se continúa realizando en los antiguos sitios de petroglifos, aunque también se graban algunos bloques aislados en espacios pre- viamente no intervenidos. En ambos casos, la práctica mantiene y reproduce la tradición diaguita. En el caso de los grabados realizados en lugares no ocupados previamente, estos se continúan ubicando en laderas de cerro o quebradas que corresponden a rutas de movilidad y con una orientación de los paneles hacia el fondo de valle asociándose a un movimiento de salida desde tal espacio hacia zonas vecinas. En el caso de las reocupaciones pueden ocurrir dos situaciones. La primera es que se intervengan nuevas rocas dentro de sitios marcados anteriormente. En estos casos, los nuevos soportes intervenidos se integran armónicamente con las estructuraciones y lógicas internas de estos conjuntos, pues mantienen relación con los ejes de movimiento intra sitio organizados por los petroglifos previos y continúan con las orientaciones que son predominantes en tales lugares para replicar su asociación con la movilidad. Una segunda opción es que se interven- gan rocas ya marcadas. En este caso, los nuevos motivos se integran a los paneles sin destruir, ni transformar lo que existía previamente, como bien lo muestra la baja cantidad de superposiciones reconocidas en el área (menos de 1%). Dentro de esta segunda opción ocurre también que se marquen nuevos sectores de la roca creando paneles que se ajustan a las orientaciones que predominan en los bloques con el fin de mantener la estructura interna del sitio. Estas dinámicas ocurren tanto en los sitios de modalidad 1 como de la modalidad 2 definida pre- viamente (Figura 6.2).

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