Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Rocas, lugares e imágenes bajo el estado inkaico – 159 VI. ROCAS, LUGARES E IMÁGENES BAJO EL ESTADO INKAICO Hacia mediados del siglo XV, nuestra región de estudio fue incorporada dentro del Estado Inkaico o Tawantinsuyu, lo que implicó una serie de transformacio- nes dentro de las dinámicas sociales de las comunidades diaguita, así como su in- tegración en amplias redes de interacción social. Estas transformaciones fueron el resultado del accionar y los intereses del Estado, pero también de la agencia de las poblaciones locales en este nuevo contexto histórico (Troncoso 2018). Las modificaciones ocurridas fueron de variado tipo y abarcan tanto la ins- talación de la infraestructura caminera por el estado, prácticas de tributación, incorporación de poblaciones foráneas, así como nuevos ceremonialismos ex- presados en sitios como los santuarios de altura (p.e. Cornely 1956, Ampuero e Hidalgo 1975, Iribarren 1975, Llagostera 1976, Stehberg 1995, González 1998, Cantarutti y Mera 2004, Ampuero 2010; Cantarutti 2012). La práctica y ma- terialidad del arte rupestre no estuvo ajena a estas modificaciones. Al igual que ocurre en la cerámica, hay una serie de transformaciones en algunos atributos, pero también la mantención de varios aspectos, lo que sugiere una compleja in- tegración de esta práctica/materialidad en las dinámicas sociales del momento. A la luz de lo anterior, en este capítulo discutimos cómo esta tradicional práctica y materialidad se inserta en este nuevo marco estatal marcado por la presencia inkaica. Como indicamos en el primer capítulo, uno de los principales problemas al momento de abordar el registro de este momento, es la gran continuidad espa- cial, técnica y visual entre los petroglifos diaguita de época pre-inkaica e inkaica, siendo posible diferenciar los segundos mayormente a partir de la identificación de diseños particulares o patrones de simetría propios al Tawantinsuyu y que no se reconocen en las producciones visuales diaguita previas. Si bien esta situación nos genera una cierta limitación al momento de ver la intensidad de la produc- ción rupestre en este momento, lo cierto es que no nos impide entregar un pa- norama general a partir de cómo estos elementos inkaicos fueron incorporados por las poblaciones locales (o cómo estas transformaron sus motivos propios), y a partir de allí entender las articulaciones, relaciones y dinámicas asociadas con la producción de las comunidades y sus paisajes históricos en el área.

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