Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

154 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile Esta situación ocurre también en la cuenca inferior del Limarí, donde si bien las cabezas continúan con la tradición de los grandes tocados, su espacialidad sigue la lógica de todas las cabezas diaguita. Desafortunadamente, la imposibilidad de datar radiométricamente los pe- troglifos de una manera confiable, así como la ausencia de depósitos estratigráfi- cos asociados que pudiesen ser fechados, no permite realizar una discusión más acabada sobre la historicidad de la práctica de hacer arte rupestre entre las comu- nidades diaguita, ni de las transformaciones que ésta pudo haber tenido a través del tiempo. Esta falencia que es recurrente en los estudios de petroglifos, nos parece que acá se hace más relevante. Si estos lugares corresponden a sitios aso- ciados con la producción y reproducción de la comunidad, lo que encontramos a través de la temporalidad de sus intervenciones rupestres es el devenir histórico de estas poblaciones y de su constitución como comunidad. No obstante ello, si sabemos que un mismo sitio, e incluso un mismo pa- nel, fue utilizado en distintos momentos del tiempo. Esto, debido a que en una misma cara de una roca se encuentran diseños con distintos grados de patina- ción, sugiriendo una temporalidad diferente. Si bien sabemos que la pátina es un criterio complejo para asignar cronología debido a los múltiples factores que influyen en su conformación (Goodwin 1960), las diferencias que se observan en una misma cara de la roca deberían ser significativas y válidas, ya que tal sección de la piedra debió estar expuesta a los mismos agentes y factores que alteran su superficie. Esta continua reactivación y visita a los sitios de arte rupestre, fue por tanto, una práctica a través de la cual los sujetos reafirmaban y reproducían los lazos con la comunidad diaguita, pero también con los antepasados y el conjunto de otros- no-humanos que formaban parte de este colectivo. Por tanto, cada acto de crear un nuevo petroglifo respetando los diseños previos y reiterando la lógica espacial y práctica de este hacer fue una acción que expandió a la comunidad a través del tiempo y sedimentó una nueva tradición y paisaje histórico en la región. Las comunidades diaguita fueron las principales responsables de la gran can- tidad de petroglifos que se distribuyen hoy en la región de Coquimbo. Sin em- bargo, por sobre su visualidad, esta práctica generó todo un campo de relaciones que difieren significativamente de lo existente previamente, marcando un verda- dero quiebre con las lógicas previas. Este cambio refiere tanto a la conformación de un nuevo paisaje histórico, pero también a un desplazamiento de las propie- dades de las materias y ciertas imágenes como las cabezas. Esta transformación

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