Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

150 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile estos grabados reafirmando el carácter más continuo y menos excepcional de este hacer, experienciar, observar. La transformación en los ritmos de las experiencias asociadas con el arte ru- pestre se expresa también en que ellas van asociadas con los ritmos de movimien- to a lo largo del espacio y el desplazamiento desde los espacios residenciales. A través de este proceso, los petroglifos se entroncan dentro de la ritmicidad de un conjunto de prácticas que se fundan en el alejamiento de los espacios de la vida cotidiana y la incorporación en lugares de tránsito intra e interregional. Debido a su alta frecuencia en el paisaje, por tanto, la recurrencia de esta experiencia no sólo vino dada por la gran cantidad de bloques marcados, sino también por el alto número de lugares marcados en el territorio que llevan a una mayor posibi- lidad de encuentro con este registro material. Un aspecto relevante en esta línea es cómo distintos espacios dan cuenta de diferentes ritmos de intervención y prácticas sociales, en tanto la variabilidad en el número de rocas marcadas y diseños presentes en cada roca va indicando no sólo cómo ciertos espacios concentran prácticas sociales, sino que las prácticas inscriptivas adquieren ritmicidades distintas a las de otros lugares. Este proceso, de una u otra forma, genera una cierta heterogeneidad de este paisaje histórico, pero también en términos como los acá descritos, derivan en una jerarquización de lugares. Es interesante que esta lógica de la práctica inscriptiva difiere de forma muy notable con lo que ocurre previamente, generando una inversión con lo que po- dría esperarse dentro de las lógicas de habitar de distintas formaciones sociales. Esto porque, mientras en el caso de los grupos cazadores-recolectores se espera- ría un arte rupestre más bien relacionado con el movimiento y la demarcación de territorio fuera de lo residencial, para las comunidades agrícolas sería más propio un arte no relacionado con la movilidad. Nuestro caso muestra cómo el ritmo de los primeros se relaciona con momentos de pausa dentro de circuitos de movilidad y en asociación a experiencias cotidianas desplegadas en los espacios residenciales; mientras que los grupos agrícolas entroncan la producción y expe- rienciación de los petroglifos con los ritmos de un movimiento que los segrega de las experiencias cotidianas y espacios residenciales emplazados en los fondos de valle. La estructuración misma de la relación entre los cuerpos, las rocas y los di- seños ha variado, en tanto, ahora estas experiencias se fundan en el movimiento de las personas al interior de los sitios rupestres, intercalando la observación de rocas marcadas con rocas no marcadas. Así también, se intercalan piedras alta- mente intervenidas con otras escasamente intervenidas en términos de diseño,

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