Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 149 existente a la fecha no permiten seguir sosteniendo tal propuesta, no sólo porque esos petroglifos no se ajustan a la lógica de lo que ha sido definido como el arte rupestre del primer milenio de nuestra era en la región (Troncoso et al. 2008), sino también porque, por un lado, dadas las escenas de pastoralismo en el lla- mado Estilo La Silla y la ausencia de animales domesticados en los contextos del primer milenio de nuestra era, tal relación cronológica es bastante improbable (Troncoso 2002, Becker 2004, López et al. 2015). Por otro, el conjunto de petro- glifos del valle de Elqui, así como los del sitio La Silla, remiten completamente a los patrones espaciales, técnicos y visuales generales del arte rupestre diaguita, por lo que nada lleva a pensar que no se relacionan con estas comunidades. De esta forma, las relaciones con la práctica de producir arte rupestre por parte de los grupos diaguita fue variable dentro de la región, lo que nos lleva a nuestro siguiente punto, cual es la temporalidad, ritmos y lógica social de esta práctica entre estas comunidades. Petroglifos, Ritmo, Paisaje y Comunidad La práctica de producir arte rupestre por parte de la cultura diaguita generó todo un nuevo campo de relaciones prácticas, espaciales y materiales que devino en la conformación de un nuevo paisaje histórico que queda claramente expresado en el hecho que los espacios marcados por los grupos diaguita difieren notablemen- te del intervenido por las comunidades previas. Esta situación se refleja en que sólo un 0,6% (n=30 sobre 4870) de los bloques con petroglifos diaguita reutiliza rocas previamente intervenidas, a la par que sólo en 26 (6,1%) sitios se dan estas reocupaciones (Tabla 5.2). La conformación de este nuevo paisaje histórico desde el arte rupestre no sólo se fundó en su relacionalidad distinta, sino también en la conformación de un ritmo de prácticas muy diferentes al conocido previamente. Por sobre la di- versidad de frecuencias de arte rupestre en cada cuenca y valle, lo cierto es que el número de rocas marcadas en este momento es mucho mayor al de tiempos previos. De la misma manera, en tanto los paneles eran remarcados a través del tiempo, el ritmo de esta práctica fue mucho más recurrente, dando cuenta de una nueva temporalidad asociada con la producción de los petroglifos. Esta nueva temporalidad llevó a que la conformación de este paisaje histó- rico fuera más intenso y reiterado en el tiempo, haciendo también que las expe- riencias asociadas con la producción y observación de los grabados fuera tam- bién una actividad que los sujetos experienciaban de manera más seguida en sus vidas. Esta situación es coherente con el hecho que múltiples manos realicen

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