Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
148 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile de la práctica de marcar petroglifos fue desplegada de manera distinta por las diferentes unidades sociales que habitaron cada valle de la región. Dentro de este contexto los sitios de la modalidad 2 se constituyen como espacios en los que las distintas comunidades se constituyen y reproducen en el contexto de sus movimientos intra e interregionales. A través de compartir una práctica y un espacio de marcado, las diferentes personas que circulan por estos espacios reafirman su pertenencia a una unidad social mayor a la de cada uno de los valles y cuencas, permitiendo esta macro-articulación diaguita. La situación identificada en el arte rupestre replica el patrón de la cerámica decorada (González 2013, Vásquez 2017). Por un lado, a lo largo de todas estas cuencas las comunidades diaguita comparten un mismo lenguaje visual y formal que es aplicado para la elaboración y decoración de las vasijas pintadas. Por otro, y a pesar de lo anterior, los porcentajes de frecuencia de patrones de diseño varían entre las cuencas, existiendo una diferencia relevante en los motivos que predo- minan en cada una de ellas. De esta manera, petroglifos y cerámica dan cuenta de la multiescalaridad estas comunidades, las que se conforman como una unidad social amplia a partir de una lógica y principios básicos de prácticas sociales que, a su vez, permiten una importante variabilidad que posibilita la conformación de identidades más localizadas y de carácter más micro. Dentro de este contexto, no tenemos aún las herramientas para interpretar el porqué de cada uno de los tipos de diseño que predominan por cuenca. Sin embargo, es relevante el que las cabezas sean los elementos que entregan parti- cularidad a Choapa y Limarí, mientras que en Elqui y Combarbalá predominen otros diseños. En qué medida esto puede relacionarse con las dinámicas socio- políticas de estas comunidades locales es un tema por explorar en el futuro, en tanto mientras estas imágenes de líderes fueron recurrentes en Choapa y Limarí, en Combarbalá se apeló más bien a la noción del colectivo por la recurrente imagen de antropomorfos. Por otro lado, la particularidad de Elqui en relación con la presencia recu- rrente de camélidos fue reconocido por varios autores previamente, asociándolo a un estilo particular de tal zona y que se denomina La Silla (Mostny y Niemeyer 1983, Niemeyer y Ballereau 1998). Desde nuestra perspectiva, esta diferencia- ción estilística de por sí no es relevante para nuestra problemática, por cuanto lo central acá es cómo el arte rupestre entroncó con las prácticas de reproducción social diaguita, siendo indiferente si formalmente se adscribe a uno u otro esti- lo. De la misma forma, si bien en un principio se asoció el estilo La Silla con el Complejo Cultural El Molle (p.e. Niemeyer y Ballereau 1998), al igual que todo el arte rupestre que hoy definimos como diaguita, nos parece que la información
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