Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 147 En un primer nivel, la lógica de la práctica social da cuenta de una amplia integración de la comunidad diaguita que comparte un par de principios básicos en la producción de petroglifos, pero también en las estrategias de construcción de su paisaje y comunidad. De esta manera, la práctica unificó a un conjunto de comunidades a lo largo de este territorio a partir de una relación con la materia y una visualidad compartida por medio de los petroglifos que devino en un paisaje histórico común. En un segundo nivel, esta misma lógica produjo diferencias y entregó iden- tidad a las comunidades de cada cuenca. Esta producción de diferencia se dio tanto por la intensidad de la producción de grabados, la recurrencia del arte rupestre en el paisaje y los tipos de diseño presente. Esto generó una individua- lización de las comunidades de forma tal que los grupos que habitaron cada cuenca compartieron tendencias en la representatividad de los tipos de diseño presentes. Finalmente, la intensidad de la práctica social varió en cada valle de cada cuenca sugiriendo distintas relaciones con el acto de marcar el territorio. Sin embargo, esta variabilidad bien puede estar en relación con la intensidad de la ocupación diaguita en el territorio. Es así como en la cuenca de Limarí, el valle de Hurtado es el que presenta una mayor densidad de asentamientos diaguita en coherencia con ser el espacio más intervenido con arte rupestre. En Choapa, lo mismo ocurre al comparar Illapel con Chalinga y los otros sectores, en tanto Illapel es la zona que concentra la ocupación de estas comunidades. No obstante esta situación, lo cierto es que ella no anula la variabilidad de intensidad reco- nocida intra-cuenca como bien lo sugiere el caso de Chalinga, un espacio con pocas ocupaciones diaguita, pero que tiene una gran cantidad de petroglifos en comparación, por ejemplo con el valle de Rapel (cuenca de Limarí) que también tiene un menor registro de asentamiento de estos grupos. Es sobre este eje, que esta estructuración también parece marcar una lógica diferencial entre grupos de las cuencas inferiores y superiores. De esta manera, el arte rupestre sugiere una clara producción de comuni- dades multiescalares con distintos niveles de integración social a lo largo de la región, siendo posible reconocer al menos una macro-comunidad regional que se funda en una práctica compartida y una serie de comunidades de menor esca- la, las que podrían estar organizadas a nivel de cuenca, pero con una segregación entre cuencas inferiores y superiores. Es posible que esta atomización de comu- nidades se replique también a nivel de cada uno de los valles, pero ello requiere aún un mejor conocimiento dada la variabilidad en la frecuencia de grabados. No obstante esto, sí muestra que el impacto sobre el espacio y la reiteratividad
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