Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
146 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile pal referente utilizado en las distintas cuencas, seguida en casi todos los casos de los antropomorfos, con excepción del caso de Elqui donde le continúan los camélidos y posteriormente los antropomorfos. Esto nuevamente, sugiere unos principios básicos que se reiteran en todos los espacios, pero los cuales tienen una cierta variabilidad regional. Si desplegamos nuestro enfoque a una mirada aún más específica y compa- ramos los distintos valles que componen cada cuenca encontramos que la in- tensidad de la práctica es incluso variable intra-cuenca. Con el fin de realizar una comparación más adecuada nos centraremos únicamente en la cantidad de bloques marcados por valle antes que en sus diseños, debido a que no son del todo comparable las frecuencias de diseño en cada lugar debido a las diferencias de intensidad que exploraremos a continuación. De la misma manera, usaremos sólo algunos valles de ejemplos, no sólo para no abrumar con comparaciones, sino también para realizarla de forma más sistemática, usando aquellos espacios que son fácilmente delimitables de manera natural. Como se observa en la figura 5.13 (p. 259), la tasa de producción de arte ru- pestre es diferencial por parte de la Cultura diaguita y esta diferencia no respon- de necesariamente a la cantidad de área prospectada. Estos resultados no sólo reiteran la alta intensidad de producción dentro de la cuenca de Choapa debido a la gran cantidad de petroglifos reconocidos en los valles de Illapel y Chalinga, sino también como se dan situaciones totalmente opuestas en una misma cuen- ca, lo que se reconoce con la menor cantidad de rocas intervenidas en el valle de Mauro en comparación a los anteriores, así como en la contrastante situación entre el valle de Hurtado con los de Ponio y Rapel en la cuenca del Limarí. Los resultados entregados nos parece que muestran de buena manera el ca- rácter heterogéneo y diferencial de la práctica de inscripción rupestre, no obs- tante que ellas remitan a un patrón espacial y unos principios visuales comu- nes. Estas diferencias en las lógicas e intensidades de las prácticas muestran una variabilidad Este-Oeste, así como Norte-Sur, tanto a nivel de cuencas como de valle. Todo esto sugiere que las distintas comunidades Diaguita que habitaron el territorio desarrollaron dinámicas diferenciales de producción de petroglifos, siendo una actividad más intensa y recurrente en unos espacios que otros. A la par, dentro de cada una de las cuencas, existieron diseños que tuvieron frecuen- cias de presencia diferencial en el paisaje, sugiriendo el uso más recurrente de unos tipos de imágenes por otro, y a la par, la producción de distintas narrativas e imaginarios a través de estos grabados. Esta situación sugiere que la práctica de hacer arte rupestre se desplegó en tres dimensiones diferenciales de producción de comunidad.
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