Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
140 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile actuarían constantemente en este proceso de construir y mantener un centro que permite la mediación y el balance entre los distintos actantes sociales y miembros de esa comunidad, siendo, por tanto, expresiones distribuidas de estas personas que están continuamente reafirmando el centro, y construyendo un orden y ba- lance. Serían, por tanto, lo/as líderes mismo/as en su recurrente proceso de man- tener un centro organizador. El mero hecho que las cabezas se segreguen técni- camente del restante conjunto de diseños rupestres en su manufactura reafirma esta idea: su manufactura no puede ser realizada por cualquier persona producto que ella es de la corporalidad de lo/as líderes que se hace presente y actúa en esos puntos del espacio. Esta situación no debería extrañar, por cuanto nociones de personas distribuidas y partibles son reconocidas para los Andes prehispánicos (p.e. Wilkinson 2013). Por otro lado, el hecho que las cabezas estén en la alfarería y el arte rupestre genera que éstas crucen y se hagan presente en los distintos ámbitos fenoménicos Diaguita, encontrándose en espacios residenciales, funerarios y de arte rupestre, situación que no se encuentra en otros tipos de diseño de manera clara. De esta forma, las cabezas integran y otorgan unidad a estos grupos con una escasa inte- racción cara a cara, pero que se reconocen como comunidad a partir de compar- tir y reproducir estas imágenes tanto en los contextos privados como públicos. En el caso del arte rupestre, cada manufactura de cabezas activa estos espa- cios centrales y se constituye en un proceso de mediación entre seres, fuerzas y energías que reafirman el carácter central de estos sujetos, reactivando su posi- ción en las narrativas y procesos de producción de estas comunidades. En el caso de las vasijas sucede lo mismo, cada acto de pintado de estos rostros reactiva su posición de centro y mediador. Cada acto de experienciación de estos mismos conjuntos reconstruye y reproduce estas narrativas y capacidades asociadas al centro y estos personajes. La relevancia de este proceso de grabar requiere un último ingrediente que lo vuelve trascendental dentro de su contexto, ese es reconocer el centro del cen- tro. Marcar las cabezas requiere también sujetos que tengan las capacidad de reconocer esos centros dentro de los centros, de articular con la relacionalidad e integración de los distintos elementos espaciales, energías y seres que se combi- nan dentro de la arquitectura de los espacios rupestres y del paisaje regional por medio de su movimiento. Es a través de ese proceso, por tanto, que las cabezas van adquiriendo sus posiciones específicas, respondiendo por tanto a un acto ex- periencial particular de reconocimiento de los poderes de ciertas rocas y puntos al interior de los sitios que llevan a grabar estos diseños. Marcar estas rocas, por tanto, es el acto de articular y hacer visibles esas fuerzas mediadas por las cabezas.
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