Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 139 distinta en la constitución de las relaciones entre personas y materiales en ambos momentos. Mientras en el caso molle no se observa una relación directa y única con un sujeto específico (producto de su mayor descarte en espacios residencia- les), en el caso diaguita el “fin de la vida” de la persona implica también el “fin de la vida práctica” del complejo alucinógeno, moviéndose ambos hacia los espacios funerarios. Esta transformación en la relación personas-cosas va aparejada tam- bién con que la misma práctica que se despliega en relación con estos materiales es distinta, pues mientras en el caso molle se fuma, en el caso diaguita se inhala. Ambas situaciones nos parecen que dan cuenta que la conformación de los líderes Diaguita descansan en un tipo de persona que no estaba presente antes en la región y que se inaugura en este momento. Ese nuevo tipo de sujeto tendría 3 atributos particulares: i) diferenciarse del resto de los otros actores humanos a manera de una seudo-individualización que lo hace distinto al resto del co- lectivo, ii) ser un centro que media entre humanos, así como con no humanos, teniendo la capacidad de establecer una separación entre entidades que deben mantenerse segregadas y iii) ser una persona distribuida y partible (Gell 1998). Esto último implica que es un ser que traspasa los límites de su corporalidad de forma tal que, por una parte, segmentos de ésta actúan como la persona en su totalidad (cabezas) y, por otra, se distribuye en otros soportes materiales. En este caso nos parece que los elementos del complejo alucinógeno y especialmente las cabezas en piedra y cerámica pueden entenderse como extensiones de esta corporalidad. En este contexto, no podemos entender estas imágenes de rostros como retratos o imágenes individualizadas de personas específicas que tuvieron estas capacidades. Por el contrario, estas cabezas apelan a una noción más genérica y que refiere a una categoría de persona que presenta ciertos atributos y poten- cialidades y que, por tanto, exceden al cuerpo de turno en el que este tipo de ser se presenta. Es por esto mismo que son partibles, en tanto es una categoría de persona distribuida que excede la materialidad del cuerpo humano pudiéndose presentar de cuerpo entero o como cabeza, pero también sobre distintos sopor- tes: corporalidad humana, rocas y cerámica, al menos. En el caso del complejo alucinógeno, tenemos que estas piezas ingresan al contexto funerario junto a la persona y pasan a ser parte central de su práctica de mediación, por lo que bien podrían entenderse como extensiones de su corpo- ralidad. El hecho que estas piezas acompañen a estas personas hasta las tumbas implica que ellas podrían estar sujetas a un régimen de partibilidad diferente, en tanto serían parte de su corporalidad, pero no podrían despegarse de ella dado su recurrente ingreso a los contextos funerarios. En el caso de las cabezas, ellas
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