Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
138 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile los campos de relaciones que constituyen el mundo diaguita. En este proceso, su liderazgo implicaría no sólo la agencia de su persona, sino también la capacidad para entrar en relaciones con un conjunto de otros actantes del mundo de carác- ter no humano, permitiendo mantener un equilibrio y una articulación entre los distintos miembros de la comunidad relacional (humanos y no humanos). Por ello, esto/as líderes serían en el fondo la constitución misma de la comunidad y su mundo, en tanto ellos posibilitarían la continuidad del grupo social. En segundo lugar, esta capacidad estaría íntimamente relacionada con un concepto de persona específico que se establece y reproduce durante este mo- mento histórico por estas comunidades. Aunque poco conocemos sobre este concepto de persona, lo cierto es que se genera al menos dos grandes conjuntos de constitución de personas-humanas en este ámbito: uno de tipo más corpora- tivo que no construye diferencias sociales entre los sujetos del colectivo humano y otro, por el contrario, que especifica a una categoría de seres que sobrepasan lo humano para articular con lo no humano y la noción de centro. Ambas catego- rías de sujetos no remitirían a una simple oposición entre individuo y dividuo (Fowler 2004), sino que ambas serian de carácter relacional, diferenciándose por los campos relacionales en que cada uno de éstas se integra. A su vez, ambos tipos de sujetos se constituirían y descansarían a partir de la constitución de campos de relaciones diferentes que los posicionan de formas distintas dentro del entrama- do social, pero que le permiten también mediar y articular de manera diferencial con un conjunto de otros actantes no humanos Nos parece que esta situación se puede observar al comparar el registro ar- queológico con lo existente anteriormente. En el arte rupestre inmediatamente previo, las cabezas tiaras se fundan en una visualidad centrada en su tamaño y sus tocados, asociándose con cursos de agua, pero sin estar ubicados en estos puntos de inflexión espacial-visual dentro de los sitios. Esto indicaría que los sujetos con capacidad de mediación en los términos acá descritos y asociados a las imágenes de cabezas serían propios a los conjuntos diaguita y en caso alguno a los ante- riores. A la par las relaciones de las cabezas con el agua no son relevantes en este momento dada la ubicación de los petroglifos diaguita. Por otro lado, una rápida comparación de los contextos de depositación del complejo alucinógeno en diaguita (espátulas y recipientes) y molle (pipas) muestra una clara diferencia. En el caso diaguita, estos implementos se regis- tran en contextos funerarios a manera de ofrenda/ajuar, estando casi totalmente ausentes en espacios residenciales. En contraposición, en molle las pipas son re- currentes en contextos residenciales y escasos en tanto ofrendas/ajuar de ente- rratorios. Esta oposición pensamos que muestra cómo se establece una relación
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