Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

134 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile Si bien una comparación entre ambas nos muestra que los rostros represen- tados en la alfarería y en los petroglifos no son exactamente iguales, ellas tienen algunas homologías que nos llevan a igualarlas. Ambas aluden a una misma no- ción, la cabeza, segregándose de sus respectivos corpus iconográficos debido a su exclusividad. A su vez, los rostros de estas cabezas se muestran transformadas en sus atributos visuales, en un caso con la aplicación de puntos, en otra con el uso de diferentes unidades geométricas. Cabeza y transformación, por tanto, serían el elemento clave de este motivo, aunque dados sus distintos soportes materiales, se representa de diferentes maneras. Por sobre esas similitudes nos parece que hay un tercer factor que es aún más relevante en esta comparación: su composición espacial. Aunque puede parecer extraño realizar esta comparación entre dos soportes de naturaleza material y espacial tan diferentes, lo cierto es que en ambos casos hay juegos espaciales que se relacionan con la representación del rostro. En el caso de la cerámica, estos se despliegan dentro de un espacio organizado por bandas. En los petroglifos ocurre en relación con los otros bloques de petroglifos y el entorno circundante. La comparación, por tanto, aunque se realiza a distintas escalas, busca reconocer similares principios de relacionalidad en la construcción de estos diseños inde- pendientes de sus soportes materiales (Criado 1999, Prieto y Santos 2009, Tron- coso et al. 2011). Las cabezas en la alfarería se representan en platos que están organizados a partir de tres campos de decoraciones horizontales a diferencia de todo el res- tante conjunto iconográfico alfarero diaguita que se organiza por dos campos de decoración. Las cabezas se ubican en una banda central que se encuentra flan- queada a ambos lados por dos campos independientes de decoración, los que generalmente se oponen entre sí, ya sea por la presencia de bandas de diseños diferentes, o bien por una inversión en los colores usados. Estas cabezas, por tan- to, se disponen en un lugar central mediando entre dos espacios diferentes que se representan a través de las bandas decorativas laterales (Cornejo 1999, Troncoso 2005) (Figura 5.11). Las cabezas en los petroglifos replican este mismo patrón espacial pero no a nivel del panel rupestre, es decir, los rostros no se encuentran necesariamen- te flanqueados lateralmente por campos o diseños diferentes. Por el contrario, las cabezas pueden representarse aisladamente en paneles, o bien junto a otros pocos diseños e, inclusive, dentro de bloques completamente saturados de imá- genes. El patrón espacial de estas cabezas se daría en relación con la distribución general de los bloques y el paisaje circundante.

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